Undershakers -“Perfidia” (Subterfuge Records, 1999) 

Por Sebas Claramunt 

A mediados de la década de los 90, cuando el pop independiente español comenzaba a llenarse de energía renovada y de voces femeninas al frente, Undershakers irrumpieron con fuerza desde su Gijón natal. La banda, formada por cinco jóvenes, había recorrido un camino sonoro que la llevó desde un inicio marcado por el garage sesentero hacia un pop más directo y accesible, sin perder la chispa original que las caracterizaba. Cada cambio en su sonido reflejaba la madurez que iban ganando a medida que exploraban nuevas formas de expresarse musicalmente. 

En 1999, publicaron su tercer larga duración, “Perfidia”, bajo el sello Subterfuge Records, un trabajo que representó un punto de inflexión en su corta pero intensa trayectoria. El título del disco no fue casual: sugería sentimientos de desencanto, traición y contradicciones afectivas, un hilo conductor que recorría las doce canciones del álbum. La voz de Sandra Tocino, con su versatilidad y naturalidad, articuló con personalidad un repertorio donde predominaba el castellano, aunque sin descuidar algunas piezas en inglés, un equilibrio que la banda había ido perfeccionando en sus trabajos anteriores. 

Además de Sandra, el grupo estaba compuesto por Mar Álvarez a la guitarra, Alicia Álvarez al bajo, Cristina Gutiérrez en la batería y Lara González en los teclados. Cada una de ellas aportaba su propia energía y estilo, conformando un conjunto equilibrado en el que cada instrumento y cada voz contribuían al carácter distintivo de la banda. 

Musicalmente, el disco transitaba con soltura entre medios tiempos pop, ritmos contagiosos y guiños tanto al garage como al pop clásico. Canciones como “Radar De Amor” o “No Soy Cenicienta” combinaban melodías pegadizas con letras irónicas que cuestionaban los tópicos románticos, mientras que piezas como “Like A Heroine” o “Quiet Night” mostraban la diversidad estilística del conjunto, dejando clara su capacidad de experimentar sin perder coherencia. 

Más calmado y maduro que sus trabajos previos, “Perfidia”, que a la postre sería su último álbum, presentó a Undershakers en plena forma creativa. Sonó honesto, cercano y, sobre todo, profundamente personal. Cada canción reflejaba no solo a un grupo consolidado en lo musical, sino también consciente de su propio humor y de su lugar dentro de la escena pop que, por aquel entonces, comenzaba a expandirse con paso firme. 

Al recorrer el disco, se percibía una estructura cuidada: “Dime Sí” abría con una llamada de atención, dando paso al latido romántico de “Radar De Amor” y a la invitación irresistible de “Take Me”. El ritmo se suavizaba en momentos introspectivos como “Cuestión De Tiempo”, antes de estallar en la provocadora declaración de “No Soy Cenicienta”, que se movía con descaro entre guitarras y percusión. Canciones tan afiladas como “Illusions Garden”, “Solo Ahora”, “Con La Boca Muy Pequeña” o “El Amor Perfecto” también resaltaban en un repertorio que equilibraba intensidad, ironía y autenticidad. 

En definitiva, “Perfidia” mostró a Undershakers como una banda que, pese a su breve trayectoria, había logrado consolidar un estilo propio y expresar su visión del pop independiente de manera honesta y original, dejando un legado que todavía resonaba en los oídos de quienes seguían atentos la música española de finales de los 90.