Las Titis -“Rojo Sangre” (Autoeditado, 2026) 

Por Vicente Ribas 

Seis años pueden ser muchas cosas: una carrera universitaria mal elegida, una legislatura mediocre o el tiempo exacto que necesita una banda para decidir que su nombre anterior ya no le representa. Las zamoranas ahora son Las Titis (antes Titis Twister) y el cambio no es un simple lavado de cara. Es cirugía estética sin anestesia. Su nuevo Ep, “Rojo Sangre”, no viene a gustar: viene a morder. 

La mutación no es solo nominal. Rebeca Mostajo (voz y teclado), María Antúnez (guitarra), Claudia Serrano (teclado y voz), Cecilia Serrano (bajo y coros) y Elisa Encinas (batería y voz) han decidido autoproducirse, lo cual en 2026 es una declaración de independencia más punk que llevar tachuelas. Cinco temas. Sin relleno. Con interludios atmosféricos para disimular, pero directas al hueso. 

El corte que abre el Ep, “Rojo Sangre”, funciona como manifiesto y como advertencia. Es una crítica al sistema capitalista sin metáforas perezosas ni consignas de pancarta. Lo interesante no es el mensaje (que lo es) sino el cómo: un rock desenfadado que juega con la ligereza para decir cosas incómodas. La guitarra rasga sin virtuosismo innecesario, el bajo camina firme y la batería no adorna; empuja. La producción respira crudeza, pero está milimétricamente colocada. No suena amateur. Suena decidido. 

Hay algo inteligente en usar un envoltorio casi festivo para lanzar una diatriba económica. Es la sonrisa antes del mordisco. 

“Mire, Señor”, que fue el segundo adelanto, es donde el grupo deja claro que el giro estético va en serio. Los teclados toman el protagonismo y dibujan una atmósfera alienígena, futurista y ligeramente kitsch en el mejor sentido posible. Hay ecos de la Movida más marciana, de esos experimentos sintéticos que parecían hechos en un laboratorio clandestino entre afters y manifestaciones. 

La referencia a bandas como Los Iniciados, Los Monaguillosh o Oviformia SCI no es gratuita: Las Titis no citan los ochenta como disfraz vintage, sino como herencia incómoda. El tema avanza como una odisea surrealista con cambios de dinámica bien medidos y un estribillo que se clava sin pedir permiso. Aquí hay riesgo. Y cuando hay riesgo, hay verdad. 

“Sirenas” acelera el pulso y se convierte en una de las cimas del Ep. Indie-rock frenético, sí, pero con un punto sombrío que evita cualquier tentación de festivalismo complaciente. La estructura es compacta, casi nerviosa, y el trabajo vocal (con esos juegos de armonías entre teclados y coros) aporta una tensión deliciosa. 

Es una canción que mira al pasado sin quedarse a vivir en él. Oscura, alucinante y con esa sensación de estar a punto de descarrilar, pero sin hacerlo. De mis favoritas, sin duda. 

En “Lobishome”, el licántropo de la tradición gallega se convierte en metáfora afilada. La instrumentación se vuelve más densa, más amenazante. El bajo adquiere un peso casi narrativo, mientras la batería marca un ritmo que parece latido acelerado. Aquí el grupo demuestra que sabe trabajar la tensión sin necesidad de subir el volumen a lo loco. 

Hay “ramalazos disuasorios”, sí, pero también una construcción sólida. No es oscuridad postureada; es atmósfera bien edificada. 

El cierre con “Fukushima” es directo, casi brutal. “Vas a morir”. Sin adornos. Sin metáforas amables. Musicalmente vuelven esos pasajes ochenteros que confirman que el cambio de Titis Twister a Las Titis no es cosmético, sino estructural. Sintetizadores punzantes, una base rítmica firme y una sensación de urgencia que deja al oyente sin escapatoria. 

Y aquí es donde uno entiende la transformación: si el proyecto anterior jugaba, este dispara. 

El Ep fue grabado en el estudio de Paco Loco en El Puerto De Santa María, Cádiz, un santuario para quienes entienden que el indie también puede sonar grande sin traicionar su esencia. El máster corre a cargo de Víctor García en Ultramarinos Mastering, y eso se nota: hay cohesión, pegada y una textura que unifica los cinco cortes sin homogeneizarlos. 

La portada tampoco es un capricho. El diseño de Alto El Fuego incorpora “Giuditta che decapita Oloferne” (c. 1620) de Artemisia Gentileschi, una elección que no es casual: violencia, reivindicación, justicia poética. La imagen como extensión conceptual del sonido. 

De momento solo en digital, con edición física en camino. Pero más allá del formato, lo importante es el contenido: “Rojo Sangre” es un Ep compacto, coherente y con identidad. No pretende agradar a todos. Pretende marcar territorio. 

Si 2026 necesita nuevas apuestas fuertes, Las Titis no deberían esperar a que nadie les abra la puerta. Ya la han derribado. 

Y sí: me quedo con esta nueva etapa sin mirar atrás.