Fillas De Cassandra abren la mesa con “Tertúlia”: 12 canciones, muchas voces y una conversación sin final 

“Tertúlia” ya está disponible. El nuevo álbum de las viguesas María Soa y Sara Faro, Fillas De Cassandra, llega con 12 canciones que funcionan como 12 asientos alrededor de una misma mesa: un espacio abierto donde la música se convierte en conversación, cruce de ideas y también en disputa amable con la realidad. 

Después de su debut con “Acrópole” y el Ep “Hibernárse”, el dúo da un paso más en una dirección que no abandona lo personal, pero sí lo expande hacia lo colectivo. Aquí, el proyecto se vuelve más colaborativo, más dialogado, como si cada canción necesitara de otras voces para terminar de completarse. 

En ese tejido aparecen colaboraciones que amplían el mapa sonoro del disco sin diluir su identidad. Entre ellas destacan Ede, Zetak (con quienes ya habían trabajado anteriormente) y, especialmente, Pipiolas, que participan en el tema “Cuchicheo”. La canción se mueve en un terreno casi íntimo, con un tono juguetón y cercano, donde el propio título ya sugiere lo que ocurre: una conversación a media voz que, sin levantar el volumen, consigue ocuparlo todo. Es uno de los momentos más frescos del álbum, con un juego vocal que refuerza esa idea de complicidad compartida y de pensamiento en construcción. 

Más allá de las colaboraciones, “Tertúlia” se sostiene sobre una mezcla de afectos, memoria y posicionamiento. Hay una búsqueda constante de equilibrio entre lo íntimo y lo político, entre lo emocional y lo social. Las letras atraviesan temas como la libertad individual, la justicia social y la identidad, sin perder de vista un imaginario muy marcado por Galicia, su lengua, sus símbolos y su herencia cultural. 

En ese hilo aparece también la figura de las “tataravoas”, evocadas como una especie de raíz histórica y simbólica: mujeres que, hace más de un siglo, ya estaban presentes en la resistencia cotidiana, en la transmisión de saberes y en la construcción de comunidad. Esa memoria se filtra en el disco no como gesto nostálgico, sino como continuidad. 

El resultado es un álbum que no se plantea como una declaración cerrada, sino como una tertulia en marcha: con voces que se cruzan, ideas que se contradicen, momentos de calma y otros de tensión. Un trabajo que apuesta por la conversación como forma de creación, y que deja la sensación de que la charla, lejos de terminar, acaba de empezar.