Por Luis J. Arizmendi
El sencillo “Me Gusta Ser Una Zorra / Inkisición” de Vulpess, editado en marzo de 1983 por Dos Rombos Discos, fue un estallido directo contra la moral establecida. Se convirtió en uno de esos discos que no nacieron para agradar, sino para incomodar, sacudir y dejar claro que había otra forma de hablar (y de gritar) en la gris España de los primeros 80.
Vulpess (Mamen Rodrigo, Loles Vázquez, Guadalupe Vázquez y Begoña Astigarraga) fueron cuatro chicas venidas del País Vasco metidas de lleno en la escena punk en un país que todavía arrastraba inercias muy pesadas de censura, tabúes y control social. En ese contexto, su sola presencia ya resultó disruptiva, pero este single lo llevó todo un paso más allá. Sonaba crudo, sin pulir, casi como una grabación de urgencia: guitarras ásperas, poca limpieza sonora y una actitud que pesaba más que cualquier producción.
La cara A, “Me Gusta Ser Una Zorra”, fue una versión del tema de The Stooges, pero completamente reventada y reinterpretada desde otro lugar. No fue una adaptación respetuosa ni una simple traducción punk: fue una apropiación agresiva. Donde el original podía dejar espacio a la ambigüedad, Vulpess lo convirtieron en provocación frontal. La frase se transformó en un golpe directo al puritanismo, sin suavizantes ni explicaciones.
Y ahí empezó el verdadero terremoto. La canción no se quedó en el circuito underground: llegó a la televisión a través del programa de televisión Caja De Ritmos, presentado por Carlos Tena, un espacio que en ese momento daba visibilidad tanto al punk como a la nueva música alternativa. La emisión de la actuación desató un escándalo inmediato. La interpretación y la letra provocaron una oleada de reacciones, críticas y presión mediática que acabó convirtiendo aquel momento televisivo en uno de los episodios más polémicos de la historia musical del país. Hubo denuncias, condenas morales y una reacción institucional y mediática que amplificó aún más el impacto del grupo.
Lo que había sido una canción provocadora se convirtió, de golpe, en un asunto nacional. Y el punk, una vez más, funcionó como debía: rompiendo la comodidad del discurso dominante.
Por otra parte, su cara B, “Inkisición”, mantuvo la misma línea de confrontación. El tema apuntó directamente contra la religión y la hipocresía social, sin rodeos ni metáforas. Era un ataque seco, directo, casi incómodo en su simplicidad. Guitarras básicas, ritmo acelerado y una interpretación vocal más cercana al grito que al canto. Todo estaba subordinado a la urgencia del mensaje.
Este single no buscaba sonar bien ni encajar en ningún estándar. Quería sonar necesario. Y en el punk de aquellos años, esa necesidad era lo que lo justificaba todo.
El impacto del disco fue inmediato y desproporcionado respecto a su tamaño. Más allá de la música, se convirtió en un símbolo del choque cultural de una España que todavía estaba redefiniendo sus límites tras décadas de represión. Vulpess no solo grabaron un single: encendieron una polémica nacional.
El resultado fue una mezcla de escándalo, censura moral y mito. Su trayectoria fue breve, pero el ruido que generaron quedó mucho más tiempo que su discografía.
Escuchado con distancia, el single pudo parecer rudimentario en lo musical. Pero su valor no estuvo nunca en la técnica, sino en la actitud. En decir lo que no se decía, de la forma más directa posible, aunque todo alrededor intentara silenciarlo.
Resumiendo, “Me Gusta Ser Una Zorra / Inkisición” fue un disco pequeño en formato (7”), pero enorme en impacto. Un grito breve, sucio e incómodo que condensó el espíritu más crudo del punk: el de romper el silencio aunque costara el precio de la polémica.

