Pipiolas desata su energía ochentera con “NaNaNa” 

Pipiolas está lista para sorprendernos otra vez, y lo hace con otro adelanto (el segundo) de su segundo disco que promete zarandear emociones y despertar sonrisas a partes iguales. “NaNaNa” es de esas canciones que, desde el primer acorde, te envuelven con su energía chispeante y descarada, como un soplo de aire fresco en mitad de un día gris. Synth-pop ochentero, bajos programados que laten con nervio propio, estrofas envueltas en misterio y un estribillo luminoso que se queda pegado en la cabeza como una pegatina invisible: todo esto hace que “NaNaNa” sea imposible de ignorar. 

La letra añade un giro intrigante: un tono ligeramente macabro que convierte la canción en una especie de relato cementerial, pero escrito con el descaro de una heroína de cómic perdida en la ciudad a medianoche. Como ellas mismas resumen: “Las emociones son tan efímeras como la vida, ambas acaban en un cementerio. Lo que antes sí ahora no, y viceversa. Quién sabe”. Esa filosofía de luces y sombras se siente en cada sintetizador, en cada frase, en cada acorde que se clava en la memoria. 

Escuchar “NaNaNa” es como viajar a un universo paralelo donde los veranos ocurren en diciembre, los amaneceres se reciben frente a discotecas a las siete de la mañana y las amistades peligrosas sobreviven a resacas interminables. Pipiolas nos invita a montarnos en su mundo, un espacio donde la nostalgia y la diversión bailan juntas y donde cada canción es un pasaporte a aventuras sonoras tan imprevisibles como memorables.