Por Azucena Gallardo Pla
“La Victoria”, el nuevo Ep en vinilo de 10” de Marlena lanzado por Universal, se presenta como un intento ambicioso de consolidar una identidad musical que Ana Legazpi y Carolina Moyano llevan años moldeando entre luces, sombras y expectativas crecientes. Sin embargo, esa misma ambición abre un territorio crítico inevitable: el disco oscila entre momentos de auténtica solidez emocional y otros en los que la producción o la narrativa parecen quedarse a medio camino, atrapadas entre la voluntad de madurez y una cierta dependencia de fórmulas que el dúo ha explorado ya en trabajos anteriores. Esa tensión interna, lejos de hundir el proyecto, lo convierte en un documento interesante porque muestra a un grupo que todavía está afinando su voz definitiva mientras lidia con la presión de entregar un sonido reconocible pero al mismo tiempo renovado.
“La Victoria”, la canción que da nombre al trabajo, funciona como carta de presentación y, al mismo tiempo, como declaración de principios. El tema aspira a ser un himno de resiliencia, un estallido de confianza recuperada, pero se queda a veces demasiado cerca de la corrección emocional, sin terminar de arriesgar en la estructura ni en la dirección sonora. Aunque la interpretación vocal de Ana es precisa y emotiva, y las armonías de Carolina añaden profundidad, da la sensación de que la producción busca gustar antes que incomodar, suavizar antes que dejar algún filo expuesto. Aun así, el tema tiene momentos de lucidez sincera, especialmente en la forma en que aborda el concepto de victoria no como una conquista grandilocuente, sino como un estado interno que se alcanza con esfuerzo y dudas.
En “Ayer Soñé Contigo”, el Ep se adentra en un terreno íntimo, casi confesional, pero aquí aparece uno de los puntos débiles del proyecto: la letra, aunque emotiva, cae en imágenes que ya hemos escuchado muchas veces dentro del pop sentimental contemporáneo. Eso no impide que vocalmente sea una de las piezas mejor ejecutadas, porque Ana y Carolina manejan muy bien la dinámica entre fragilidad y contención. Sin embargo, queda la sensación de que la canción podría haber ido más lejos si hubiese permitido que esa vulnerabilidad se tradujera en decisiones sonoras más atrevidas, en arreglos menos previsibles o en un ritmo que escapara del molde habitual.
“Ruido De Ciudad” aporta un giro ligero hacia lo urbano, pero su identidad musical parece debatirse entre ser un retrato personal y un intento de sonoridad más expansiva. Aquí, la crítica principal recae en la producción: el tema se sostiene bien en su primera mitad, pero luego cae en una acumulación de capas instrumentales que no terminan de dialogar entre sí, como si la intención fuese llenar el espacio en lugar de dejar que respire. Aun así, la idea central del tema (la ciudad como escenario emocional que confunde tanto como acompaña) está bien planteada, y hay versos que destacan por su honestidad, aunque el acabado final podría haber sido más contundente.
“Pies Sin Plomo”, probablemente uno de los cortes más accesibles del Ep, es también uno de los más efectivos desde un punto de vista técnico. Aquí sí se nota una intención clara de buscar un equilibrio entre energía y emoción sin caer en un discurso simplista. El mayor acierto es la forma en que Marlena combina un ritmo que empuja hacia adelante con una letra que habla de liberación personal sin grandilocuencias. No obstante, incluso dentro de este acierto, es evidente que el tema opta por una estructura segura, fácilmente digerible, que podría beneficiarse de un riesgo mayor para evitar la sensación de familiaridad.
“Doble Filo” es donde el Ep encuentra su punto crítico más interesante. La canción plantea una metáfora manida (el amor como arma de doble filo), pero consigue darle un giro gracias a la forma en que Ana y Carolina interpretan la tensión emocional. Aquí sí se percibe un esfuerzo por exponer una herida sin maquillaje y por entregarse a una forma de pop menos complaciente. El problema aparece cuando la producción, de nuevo, actúa como un amortiguador demasiado pulido, redondeando lo que podría haber sido un tema más crudo, más directo, más capaz de sacudir. La base instrumental parece querer proteger la emoción más que amplificarla, lo que limita su impacto.
El contraste llega con “Se Sube La Falda”, un intento claro de introducir ligereza y dinamismo. Funciona como respiro dentro del conjunto, pero uno no puede evitar pensar que la pieza está diseñada más como un guiño festivo que como un aporte conceptual al Ep. Es divertida, sí, pero también es la canción en la que más se nota la búsqueda de un hit inmediato. La melodía es pegadiza, los ritmos cumplen, pero la canción queda lejos de ser memorable desde un punto de vista crítico. Sin embargo, no se puede negar que su frescura permite que el Ep no se vuelva monotemático ni demasiado emocionalmente denso, lo cual tiene su valor.
El cierre con “Échame La Culpa <3” recupera el tono introspectivo y apunta hacia una mirada emocional más honesta, más imperfecta. Es una despedida efectiva, aunque no sorprendente, en la que Marlena vuelve a un terreno conocido: relaciones complicadas, culpas compartidas, vulnerabilidad que se dice con un toque irónico. Aquí es donde la interpretación vocal vuelve a levantar la canción por encima de una producción que, una vez más, apuesta por la suavidad antes que por la experimentación. El tema cumple, pero deja la sensación de que el Ep podría haber cerrado con una pieza más contundente o arriesgada.
En conjunto, “La Victoria” es un trabajo sólido, emocionalmente coherente y bien interpretado, pero que muestra las limitaciones de un dúo que, pese a su talento evidente, sigue debatiéndose entre la necesidad de complacer al público que espera ese sonido Marlena característico y el deseo de evolucionar hacia una propuesta más personal y profunda. El Ep tiene grandes momentos, pero también zonas donde la prudencia impide que el proyecto alcance una dimensión más ambiciosa. Aun así, se trata de un paso importante para Ana Legazpi y Carolina Moyano, que demuestran que están dispuestas a mirar hacia dentro, a reconocer sus fortalezas y debilidades y, sobre todo, a seguir buscando la versión más honesta de su música. Puede que “La Victoria” no sea una victoria absoluta, pero sí es un capítulo significativo en el proceso de encontrarse a sí mismas.


