TRONKAS! -MIMOSAS –El Loco Club, Valencia (Festival Traca Vol. 2) (17-05-2026) 

Texto y fotos: Vicente Ribas 

El pasado 17 de abril nos zambullimos en una de esas noches que dejan poso y un leve pitido en los oídos al salir de la sala. El Loco Club de Valencia acogió una velada de sudor, electricidad y guitarras en combustión lenta con dos bandas todavía jóvenes en kilometraje, pero con una personalidad que ya apunta maneras serias. Por un lado, las valencianas Mimosas; por el otro, las madrileñas Tronkas!, dos artefactos sonoros con más pólvora en la actitud que muchos grupos curtidos en mil carteles de festival. 

A estas alturas alguien intentará etiquetarlas con términos como nuevo punk, indie-punk, pop-punk o cualquier palabro de laboratorio musical contemporáneo. Da un poco igual la taxidermia del género. El nombre puede mutar, maquillarse o ponerse moderno, pero el apellido sigue siendo el mismo: punk. Punk sin corbata, sin postureo plastificado y sin pedir permiso. 

Y ahí está precisamente la gracia. Ambas bandas descargan sus canciones con un desparpajo contagioso y una solera casi insolente para el poco tiempo que llevan orbitando por la escena. Hay nervio, hay ironía, hay mugre emocional y también una frescura casi lampiña que resulta difícil no celebrar. Sobre el escenario se muestran desinhibidas, afiladas y con una presencia escénica que ya quisieran muchos proyectos más veteranos. Lo mejor de todo: hablan claro, disparan sin silenciador y no se dejan domesticar por el algoritmo ni por la tibieza imperante. 

Abrieron fuego Mimosas (Lucía, voz y guitarra, Nora, voz y guitarra, Lía, bajo, y Emma, batería), que llegaban como teloneras en el papel, aunque en la práctica aquello sonó más a coartada logística que a jerarquía real. Porque desde el primer minuto dejaron claro que no estaban ahí para calentar nada, sino para incendiarlo a su manera, con una mezcla de urgencia juvenil y descaro bien afilado. 

Su repertorio, todavía en fase de crecimiento (como un zine que se sigue escribiendo en tiempo real), lo construyen a base de temas propios intercalados con versiones que funcionan como declaración de intenciones. Y ojo, porque en directo esas relecturas no son relleno: son MUNICIÓN. 

Arrancaron con una intro que combinaba el vértigo de “Teléfono De Aludidos” de Pantocrator con su propio “Pelochón”, que ya desde el título parece escrito en una servilleta después de demasiados cafés y poca paciencia. Y a partir de ahí, la cosa dejó de ser concierto para convertirse en una especie de verbena punk de barrio, de esas donde nadie mira el reloj. 

Intercalaron versiones con querencia muy bien elegida: “Rata Valenciana” de Finale, “Merichane (Reputa)” de Zahara junto a Shego, o el desparrame irreverente de “Tócame El Culo” de Rebe. También se atrevieron con “Toro” en la versión de Aiko El Grupo, “Pobre Cucaracha” de Sanspok y “Equivocarme” de Bala junto a la mismísima Ana Curra. Un collage sonoro que, lejos de sonar a karaoke de influencias, funcionaba como manifiesto: esto es lo que escuchamos, esto es lo que somos. 

Entre medias, sus temas propios fueron levantando otra capa de identidad más áspera y personal: “Maletita”, “Xico Vampiro”, “Melancoalcohólicas”, “Mis Bragas” o “Fumo”. Títulos que ya de por sí parecen pequeños grafitis emocionales escritos con rotulador indeleble en la pared de un baño de gasolinera. 

“Fumo”, por cierto, es hasta la fecha su único single publicado, y en la sala se convirtió en algo más que una canción: fue grito colectivo, coro desordenado y catarsis compartida. La gente lo coreó como si se lo supiera de memoria desde siempre, como si ya perteneciera al repertorio sentimental de medio público. 

Y así, entre pogos suaves, sonrisas cómplices y ese caos controlado que solo funciona cuando hay verdad en el escenario, Mimosas cerraron una hora de concierto que se quedó corta. Muy corta. De esas que no terminan: simplemente te expulsan a la calle con la sensación de que alguien ha rebobinado la cinta demasiado pronto. 

Después de la descarga de Mimosas, el escenario del Loco Club se quedó unos segundos en ese estado raro en el que el aire aún vibra, como si las paredes estuvieran procesando lo que acaba de pasar. Y entonces aparecieron Tronkas!, con la naturalidad de quien no entra en un escenario sino que lo ocupa, lo reconfigura y, si hace falta, lo desordena un poco más. 

Llegaban en un momento de pequeño punto de inflexión, recién fichadas por Subterfuge Records, lo que en lenguaje no-oficial viene a significar: más ojos encima, más expectativas flotando, y el eterno riesgo de que el punk empiece a sonar demasiado ordenado. Pero no fue el caso. Ni de lejos. Si acaso, todo lo contrario: sonaron más sucias, más vivas y más seguras de sí mismas. 

Además, era su primera vez en Valencia como banda en directo, aunque aquí la historia tiene capas, como un vinilo rayado que insiste en contar lo mismo desde ángulos distintos. Porque la guitarra de Irune, ausente por motivos médicos, no estaba esa noche, y su lugar lo ocupó Lucía de Mimosas, en un gesto que no fue simple sustitución sino reensamblaje emocional de la propia escena. Y es que Tronkas! y Mimosas comparten ADN, calle y hasta cierto aire de familia mal resuelta: Tronkas! nació en Valencia tres años atrás con Lucía y Lee, antes de que el mapa (y la vida) las separara. 

Así que sobre el escenario se juntaron Lee (voz), Lucía (guitarra), Carlota (bajo y voz) y Norah (batería), como si el grupo hubiera decidido por una noche reescribirse en directo, sin pedir borrador previo ni permiso a nadie. Y lo que salió de ahí fue un bloque de punk sin anestesia, de esos que no buscan gustar sino atravesar. 

Desplegaron buena parte de su repertorio como quien vacía una mochila llena de panfletos incendiarios: temas de su último trabajo “Mujeres Al Borde De Un Ataque De Tercios” (título ya de por sí con más filo que un corte de cuchilla sin marca) junto a piezas antiguas y alguna que otra versión colándose como invitada incómoda pero necesaria. 

Abrieron con “Lope De Verga”, perdón, “Lope De Vega”, que ya desde el inicio funcionó como declaración de intenciones con olor a sarcasmo culto y pogo inminente. A partir de ahí, encadenaron un repertorio que parecía diseñado para no dejar oxígeno: 

“Deprimida Pero Alternativa”, “Tonto”, “Ahorro De Energía”, “Batida De Mango”, “Menudo Rollazo (¿Me La Xupas?)”, “Mátame”, “Me Da Igual”, “Joderrr” y “Woke”, que cerró la secuencia como una estampida final. 

Entre los pliegues del set aparecieron tres versiones que funcionaron como guiños y detonadores: “No Me Beses En Los Labios” de Aerolíneas Federales, la irreverente relectura de “Me Gusta Ser Una Zorra” (cruce histórico entre The Stooges y la versión popularizada por Vulpess en los ochenta) y “Robert Speed” de las incendiarias Mis Amigas Fuman Todas, que además sirvió como punto de encuentro en el escenario con las propias Mimosas, cerrando el círculo como si la escena fuera una sola criatura con dos nombres. 

Y así, sin necesidad de discursos solemnes ni grandes manifiestos, Tronkas! dejaron claro que lo suyo no es la pose sino la fricción. Hubo electricidad, hubo desorden medido, hubo ternura escondida entre gritos. Y sobre todo, hubo una sensación bastante rara y valiosa: la de estar viendo algo que todavía está creciendo sin pedir permiso para hacerlo en público. 

Resumiendo (aunque el punk siempre desconfía de los resúmenes): Mimosas y Tronkas!, Tronkas! y Mimosas. Dos bandas que no están jugando a ser promesa, sino a ser presente. Y el presente, cuando muerde así, conviene no perderlo de vista. Aviso lanzado. Sin subtítulos. Sin red.