Por Rosa Ruiz
Tras cinco años sin publicar nuevas canciones, desde aquel estupendo trabajo llamado “Casa”, Estela Tormo, la que conduce desde sus inicios la formación alcoiana Júlia, acaba de publicar su cuarto trabajo de estudio.
Grabado y producido por Javier Vicente en su estudio Lar de Maravillas en Zaragoza, donde han perfilado los sonidos electrónicos y sutiles que le caracterizan, y en el que añaden a este trabajo otros sonidos que se balancean entre tema y tema.
Porque el título es una declaración de lo que ocurre en todo el disco, una oscilación de sonoridad, de estilos, de instrumentación, como una abertura, donde cada canción se siente de una forma distinta, como el aire que entra por una ventana.
Comienza con “Animal” y ese bajo que permanece perpetuo en casi todo el corte, y hace que no haya cambios de ritmos, a la espera de las variaciones que van viniendo con el resto. “Rara Avis” rompe ese equilibrio como una ráfaga de viento que se cuela. Un ritmo trepidante, eléctrico y distorsión condensada en 1:40
“Ante Meridiem” vuelve a la tranquilidad, a la sofisticación, a los sintetizadores que crean una atmosfera tranquila para tomar aire y respirar sosegado. En la letra hace referencias a Cate Le Bon de la que posteriormente presentan una versión de unos de sus temas. Ese reposo nos traslada a “Baix”, para disfrutar de unas melodías que invitan al verano al mar en calma, pero siendo conscientes de que siempre llega el final de todo: “Este plaer se´n va i es perd per la finestra Oscil·lobatent”.
“Dalt” hacen florecer en primer plano las guitarras melódicas, la luminosidad del jangle pop para pasar después a “Oh Am Gariad” tema original de la compositora galesa Cate Le Bon. Una balada bella que habla de amor al que incluyen distorsión para pasar después al baile en que te invitan en “Senyal”.
Cierran la ventana en la que se convierte todo el trabajo con “Totes Santes”, una hermosa forma de acabar. Una melodía sutil, unos acordes que se repiten desde mitad de canción, que crean un ambiente espacial, como la serenidad que da cuando cierras ese mirador en el que se transfigura el disco, que no va de menos a más en el ritmo, sino que fluctúa cuando pasas de canción en canción.

