Por Rebeka M. Sabalenka
Desde Alicante llega una de las propuestas más estimulantes del nuevo indie-pop nacional. Las Chavalas, dúo formado por las hermanas Sáez, Clau y Carla, debutan en largo con “Todo Puede Ser”, un trabajo autoeditado que no solo confirma las expectativas generadas por sus primeros sencillos, sino que las supera con creces. Lo que comenzó como una prometedora colección de adelantos cristaliza ahora en un álbum compacto, coherente y lleno de personalidad, que sitúa al grupo en una posición destacada dentro de la escena emergente.
El disco arranca con “Placer Total”, un disparo directo al corazón del oyente: guitarras luminosas, pulsión adolescente y una energía contagiosa que conecta con el mejor indie-pop de vocación melódica. No hay titubeos en esta apertura; Las Chavalas dejan claro desde el primer minuto que manejan con soltura el lenguaje del estribillo inmediato y la electricidad emocional.
Le sigue “Flor Azul Espinas Rojas”, que mantiene el pulso sin caer en la repetición. Aquí se perciben ecos de bandas como Los Punsetes, tanto en la sequedad expresiva como en esa forma de tensar la melodía hasta convertirla en un arma de doble filo. Sin embargo, el dúo alicantino no se limita a replicar referentes: los filtra a través de una sensibilidad propia, más directa y menos irónica.
“Demanda De Amor” supone uno de los grandes reclamos del álbum. Las guitarras vuelven a ganar protagonismo en un ejercicio de power pop que mira con descaro a los años ochenta, evocando aquella época dorada de melodías expansivas y estructuras impecables. Hay en el tema un aroma clásico, pero ejecutado con una frescura que lo mantiene plenamente contemporáneo.
Con “Nunca Nunca Nunca”, el disco parece insinuar una pausa inicial que pronto se revela estratégica. La canción crece progresivamente hasta desembocar en un estribillo de los que se instalan en la memoria tras la primera escucha. Esa capacidad para construir tensión y liberarla en el momento exacto demuestra una madurez compositiva poco habitual en un debut.
“Érebo”, quinto corte, insiste en la solidez de la propuesta. Las guitarras, constantes y afiladas, funcionan como columna vertebral de un tema que despeja cualquier duda: lo anterior no era casualidad. Aquí hay una banda con discurso, con identidad y, sobre todo, con recorrido. Las Chavalas no están de paso.
“Si Yo Pudiera”, otro de los sencillos previos, confirma su condición de momento álgido dentro de “Todo Puede Ser”. Es un ejemplo claro del equilibrio que el grupo maneja entre inmediatez y profundidad emocional, entre el impulso juvenil y una mirada más reflexiva sobre las relaciones y las expectativas.
La recta final del álbum refuerza esa sensación de conjunto sólido. “Vete De Aquí” introduce una tensión más directa, casi catártica, en la que la contundencia instrumental acompaña a una letra de ruptura sin concesiones. Es una canción que late con urgencia, que transforma el desencanto en afirmación y que, en directo, se convierte en uno de los puntos culminantes de su repertorio.
Por su parte, “Cien Años” ofrece un contrapunto emocional que amplía el registro del disco. Sin perder la esencia guitarrera que define al grupo, el tema se adentra en un territorio más nostálgico y melódico, demostrando que Las Chavalas saben modular la intensidad y explorar matices sin diluir su identidad. La canción funciona como cierre emocional perfecto: una declaración de intenciones que mira al futuro con ambición y confianza.
En conjunto, “Todo Puede Ser” es un debut notable, cohesionado y honesto. Autoeditado, sí, pero con una producción y una solidez compositiva que no tienen nada que envidiar a lanzamientos respaldados por grandes sellos. Las hermanas Sáez firman un trabajo que combina frescura, oficio y una intuición melódica envidiable. Si este es solo el punto de partida, el horizonte para Las Chavalas no puede ser más prometedor.

