Las Ultrasónicas – “Yo Fui Una Adolescente Terrosatánica (Las Versiones Demo!!)” (Electro Harmonix, 1999) 

Por Violet Femme 

Imagínate a las malotas de la clase, sentadas al fondo, hablando de ouijas y liándola parda. Las punkis que montan una banda, funden el ampli en el local de ensayo y, de repente, te sacan un disco sin saber que acabará siendo de culto. Con un título como “Yo Fui Una Adolescente Terrosatánica”, Las Ultrasónicas no hicieron más que confirmar que las malotas eran ellas. Fuzz, surf, garage, punk, monstruos, sexo, centros comerciales, ciencia ficción y una dosis muy necesaria de mal gusto se amontonan en un disco totalmente DIY en el que la producción era lo de menos. La maqueta original se grabó en el local con solo dos micros y, viendo en lo que se convirtió, tiene muchísimo mérito.

Las Ultrasónicas se formaron en Ciudad De México en la segunda mitad de los noventa alrededor de Jenny Bombo y Tere Farfissa. Para cuando llegó “Yo Fui Una Adolescente Terrosatánica”, Tere ya había salido y la banda estaba formada por Jenny Bombo a la batería, Ali Gua Gua a la guitarra, Jessy Bulbo al bajo y Suzy-A Vox a la voz. Un cuarteto que desde el minuto cero dejó claro que había venido a armar jaleo, no a hacer amigos.

“Monstruo Verde” te mete de cabeza en su mundo: riffs directos, humor de serie B, bichos y mucha exageración. Todo a toda pastilla, como prácticamente el disco entero. “Pedro Fuzzca” sigue en la misma línea, pero aquí las guitarras son las que mandan. El fuzz es la base de todo, hace que los riffs sean muy potentes y camufla el carácter evidentemente rudimentario de la grabación, aunque justo ahí es donde se encuentra la personalidad del disco. Y no es que sonar mal mole porque sí, es que estas canciones, bien grabadas, serían otras y peores. Lo maravilloso es que da igual que una canción tire a garage, otra a punk y otra a surf: todas suenan a ellas.

“El Espacio Exterior” va un poco más allá y deja claro que a Las Ultrasónicas no había quien las etiquetara. Hay punk, sí, y una actitud muy riot grrrl, pero también garage sesentero, surf instrumental, rock and roll y una pasión evidente por la ciencia ficción y la cultura trash. Todo va mezclado y sin orden, y lo mismo pasan de The Stooges a una peli de marcianos sin despeinarse.

“Dame Chela” baja de golpe del espacio exterior a algo mucho más normal: los bolos, la cerveza, los instrumentos y la parte menos glamurosa del circuito underground. Es casi una anécdota contada de carrerilla y, casi sin querer, deja ver lo que era ser una banda de chicas en una escena llena de tíos. No importaba solo lo que cantaban. Importaba verlas ahí, tocando, cargando con los amplis y ocupando un sitio que no estaba precisamente pensado para ellas.

Eso se nota todavía más en “Vente En Mi Boca”, seguramente la canción que mejor resume el disco. Ni insinuaciones ni romanticismo: lo que dice el título, tal cual. Durante décadas, en el rock se dio por hecho que los hombres podían ser obscenos, salidos, infantiles y fanfarrones sin tener que justificar cada burrada que salía por su boca. Las Ultrasónicas se preguntaron por qué ellas no y fueron con todo, en plan guarro, divertido y exagerado, sin importarles un pimiento quedar bien. Lo tenían clarísimo. Podemos tocar, sí, pero también podemos ser vulgares, absurdas, sexuales o ruidosas. ¿Y qué?

El surf está en casi todo lo que tocan, pero en “Pinotepa Surf (En Chevy ’57)” es donde más se nota: guitarras con reverb y un rollo retro. Y de revival, nada: se han llevado el surf a su terreno, con sabor mexicano incluido.

A “Fuck The Mall” le puedes buscar la crítica al consumismo, pero te lo vas a pasar mejor si no lo haces. Es una pataleta, un eslogan repetido hasta el absurdo, el chiste de las del fondo de la clase. Además, no todas las canciones tienen que significar algo.

Otro de los momentos clave llega con “Quiero Ser Tu Perra”, que no es ni más ni menos que “I Wanna Be Your Dog”, de The Stooges, pasada al femenino y a su manera. Coger uno de los riffs más intocables del proto-punk y tratarlo como si fuera tuyo tiene su aquel, y más aún cuando lo haces desde una voz femenina que cambia las reglas del juego, con descaro y sin miedo a darle una vuelta de tuerca a un clásico.

Y eso es, al final, “Yo Fui Una Adolescente Terrosatánica”. No fue el primer disco de rock hecho por mujeres en México, ni Las Ultrasónicas salieron de la nada: antes ya había otras abriendo camino. Lo que hicieron ellas fue enseñar, bien a la vista, que había muchas maneras de estar en una banda siendo mujer. Se podía hacer garage, surf y punk, hablar de sexo, contar chistes malos y robarle una canción a Iggy Pop. Y que para subirse a un escenario no hacía falta ni ser la mejor ni la más formalita.

Más de un cuarto de siglo después, “Yo Fui Una Adolescente Terrosatánica” sigue oliendo a punk DIY del bueno y se ha convertido en un disco de culto. Munster Records, bajo Electro Harmonix, el sello madrileño que lo sacó en su día, lo reeditó en vinilo hace unos años, así que no hay excusas para hacerse con él y ponerlo a girar a todo volumen. ¡Baila, Monstruo, baila!