MaiteQuiero abre las puertas de su nuevo universo con “Un Ángel y Yo” 

Después de varias migas de pan convenientemente repartidas por el camino, MaiteQuiero ya puede enseñar el cuadro completo. Maite Gallardo publica “Un Ángel y Yo”, su primer Ep al frente de esta aventura en solitario y la puesta de largo de una etapa en la que parece haber cambiado la urgencia por la introspección, sin renunciar por ello a enseñar los dientes cuando la canción lo reclama. 

El aterrizaje no se ha producido de sopetón. Durante los últimos meses conocimos “Fotos y Postales”, “Montauk” y, hace apenas unos días, “Rave En El Bosque”, tres canciones que fueron dejando entrever las distintas habitaciones de esta nueva casa sonora. A ellas se sumó “100”, colaboración con la banda madrileña Toldos Verdes que, aunque comparte vecindario temporal con el proyecto, finalmente se queda fuera del Ep. 

“Un Ángel y Yo” reúne cinco canciones. A las tres ya conocidas se incorporan ahora “2007” y la pieza que da nombre al trabajo, completando un pequeño pentágono emocional en el que Gallardo prefiere hurgar en la memoria, el deseo y la vulnerabilidad antes que parapetarse detrás de una única emoción. 

No parece casual. La propia artista ha explicado que en esta nueva andadura le interesa indagar en lo emocional con mayor libertad, sin tener que escribir necesariamente desde el cabreo. Incluso “Rave En El Bosque” procede de una composición nacida en 2022 que permaneció en barbecho hasta encontrar acomodo en su presente creativo. 

Ahí reside buena parte de la gracia de “Un Ángel y Yo”. Buscar aquí una prolongación mimética de Shego, banda de la que Gallardo fue fundadora y compositora, sería entrar por la puerta equivocada. MaiteQuiero no parece concebido para reproducir antiguas coordenadas, sino para explorar otras latitudes: canciones más recogidas por momentos, una sensibilidad diferente y espacio suficiente para que convivan la delicadeza y cierta aspereza eléctrica. 

De hecho, el proyecto se mueve deliberadamente entre lo etéreo y lo crudo, con la nostalgia, el pop y algunos ecos del rock alternativo formando parte de su vocabulario. Memoria, deseo, vulnerabilidad e identidad aparecen también entre los ejes de esta nueva etapa creativa. 

Puede que haya quien eche de menos otras dentelladas, otras velocidades o una versión pretérita de Maite Gallardo. Pero pedirle a una artista que abandona una estación que siga contemplando exactamente el mismo paisaje resulta un tanto cicatero. 

“Un Ángel y Yo” es otra cosa. Y precisamente de eso se trataba.