Por Vicente Ribas
El trío ilicitano presenta “Nada Puede Hacernos Mal”, su primer larga duración, un disco de rock descarado, amistad a prueba de bombas y estribillos sin pelos en la lengua. Mushroom Pillow lo publica también en un vistoso vinilo verde ciprés con dos canciones adicionales.
Hay amistades que terminan en viajes inolvidables, noches de juerga o anécdotas que se repiten hasta la saciedad. La de Elia Sempere, Laura Giner y Lucía De Bunder ha acabado convirtiéndose en La 126, un trío ilicitano que ha encontrado en las guitarras, los estribillos pegadizos y una buena dosis de desparpajo la mejor manera de contar lo que les pasa por la cabeza. Por lo que, con “Nada Puede Hacernos Mal”, dan un nuevo paso adelante sin renunciar a esa frescura un tanto gamberra que caracteriza su propuesta.
Y qué vamos a decir de La 126 a estas alturas. Desde Chicas En Banda les tenemos un cariño especial, y no precisamente desde ayer por la tarde. Es una formación que nos encanta y a la que seguimos la pista desde que comenzaron su andadura musical, cuando todo estaba todavía por hacer y las ganas de comerse los escenarios parecían bastante más grandes que cualquier otra preocupación. Hemos visto cómo su propuesta iba tomando cuerpo, cómo las canciones encontraban su sitio y cómo aquel proyecto nacido de la amistad se convertía poco a poco en una banda con personalidad propia. Por eso, la llegada de este primer larga duración tiene para nosotros algo de celebración compartida.
Después de foguearse con “Todo Venía De Antes” y “¿Te Enteras?”, el grupo se estrena en el formato largo con un trabajo producido por Álex Román en los estudios Harrisound. Un disco que no pretende reinventar la rueda del rock alternativo, pero sí hacerla girar a toda pastilla, con una saludable dosis de espontaneidad, guitarras afiladas y ese espíritu punk que prefiere las canciones directas a los excesos de maquillaje sonoro. Aquí lo importante sigue siendo transmitir, conectar y dejar que las composiciones respiren sin demasiados remilgos.
La pieza que da nombre al álbum, “Nada Puede Hacernos Mal”, ejerce de declaración de intenciones y pone sobre la mesa uno de los grandes pilares del grupo: la amistad. No se trata tanto de creerse invulnerables como de afrontar los golpes de la vida con la tranquilidad de saber que siempre habrá alguien al otro lado. Una filosofía que sobrevuela buena parte del repertorio y que conecta con esa mezcla de inconformismo, entusiasmo y complicidad que las ilicitanas llevan por bandera. El título, además, tiene algo de consigna generacional, de esas que apetece gritar con los brazos en alto aunque al día siguiente la realidad se empeñe en llevar la contraria. Y quizá ahí radique uno de los mayores aciertos conceptuales del disco: convertir una frase aparentemente ingenua en una reivindicación de la compañía, el apoyo mutuo y la necesidad de seguir adelante incluso cuando vienen mal dadas.
En “Alguien Especial” asoma el lado más melódico de su propuesta, mientras “Todo Puede Pasar” encaja con esa manera de mirar al futuro sin demasiadas certezas, pero tampoco con ganas de quedarse quietas. El disco transita así por un universo de emociones cambiantes, relaciones personales y pequeñas turbulencias cotidianas, con el pop de guitarras como principal vehículo expresivo. La 126 se mueven en ese terreno donde la inmediatez no está reñida con las emociones y donde una canción puede resultar desenfadada sin convertirse necesariamente en algo superficial.
La cosa adquiere otros matices con “Despedida (De Una Vez Por Todas)”, cuyo título ya suena a portazo definitivo, de esos que se dan después de haber agotado todas las explicaciones posibles. “Dime Dónde Estás” y “Lo Último Que Haré Por Ti” prolongan ese recorrido por los afectos, las distancias y los asuntos que cuesta dar por zanjados. Las relaciones humanas, con sus idas, venidas y algún que otro descalabro sentimental, proporcionan abundante material para un cancionero que encuentra en lo cotidiano su mejor combustible. Y es que no hace falta ponerse estupendas para hablar de lo que duele, de lo que se pierde o de aquello que cuesta dejar atrás.
“Quiero Guardarte” sugiere el deseo de conservar aquello que merece la pena, mientras “Me Quedo Dormida” introduce otra perspectiva en este pequeño inventario sentimental. Hay espacio para el apego, las dudas, el cansancio y esas situaciones que, llegado cierto momento, invitan a mandar todo a freír espárragos. Esa cercanía temática es una de las bazas del grupo, que ha construido buena parte de su identidad alrededor de experiencias reconocibles, contadas con un lenguaje directo y sin grandilocuencias de saldo.
Pero hay un título que merece detenerse un poco más: “Escupir” (que perfectamente lo podíamos poner en mayúsculas). Así, como si las letras necesitaran hacerse hueco a codazos. Entre canciones que hablan de vínculos, despedidas y sentimientos encontrados, esta palabra irrumpe con una contundencia difícil de ignorar. Escupir es expulsar, deshacerse de algo que molesta, rechazar aquello que uno ya no está dispuesto a tragarse. Y esa lectura encaja de maravilla con el temperamento inconformista que La 126 han exhibido desde sus comienzos. Frente a la resignación, la posibilidad de decir basta; frente a las buenas maneras impuestas, el derecho a exteriorizar el enfado. Incluso sin necesidad de convertirla en un manifiesto, “Escupir” posee un título con suficiente carga expresiva como para reclamar atención propia. Hay algo liberador en esa brusquedad, una pequeña catarsis verbal que contrasta con la ternura que sugieren otras piezas del álbum. Por eso es una de las composiciones que más curiosidad despiertan dentro del conjunto: porque condensa, al menos en su planteamiento, esa vertiente menos complaciente y más arisca del universo del trío.
Después llega “Vamos A Bailar”, una invitación a dejar las preocupaciones aparcadas durante un rato y permitir que la música haga el resto. Y resulta sugerente que, tras un título tan áspero como “Escupir”, aparezca otro que propone justamente lo contrario: soltar tensiones y mover el esqueleto. Dos maneras diferentes de sacudirse lo que sobra, una desde el desahogo y otra desde la celebración. Porque, después de darle vueltas a las relaciones, las despedidas y los inevitables quebraderos de cabeza, tampoco viene mal acordarse de que existe una pista de baile y de que las guitarras pueden ser un estupendo antídoto contra los días torcidos.
Mención aparte merece la edición que Mushroom Pillow ha preparado en vinilo verde ciprés, un pequeño objeto de deseo para quienes todavía disfrutan colocando la aguja sobre el surco, contemplando la carpeta y escuchando un disco sin la tentación de saltar de canción cada treinta segundos. Esta versión incorpora dos temas adicionales, “Sin Sonidos / Tu Voz”, con la colaboración de Pinpilinpussies, el dúo integrado por Ane Barcena y Raquel Pagès, y “Estas Vistas”, la otra canción inédita incluida en el vinilo. Una alianza especialmente apetecible por la afinidad de ambas formaciones con las guitarras ásperas, la actitud desacomplejada y ese rock que no acostumbra a pedir permiso para hacerse escuchar. Un encuentro que, sobre el papel, promete una buena sacudida de electricidad y mala leche bien entendida. La inclusión de estos dos cortes extra añade un aliciente considerable a esta edición física.
También resulta interesante comprobar cómo La 126 han ido construyendo su trayectoria sin perder de vista el origen de todo: tres amigas que decidieron compartir inquietudes y convertirlas en canciones. El paso del tiempo, los conciertos y la experiencia acumulada han contribuido a dar mayor empaque a su propuesta, pero sin borrar esa espontaneidad que tanto nos llamó la atención cuando empezamos a seguirlas desde Chicas En Banda. Hay algo especialmente gratificante en observar el crecimiento de una formación a la que has acompañado desde sus primeros pasos y descubrir que continúa conservando buena parte de aquello que te hizo fijarte en ella.
Con “Nada Puede Hacernos Mal”, el trío consolida una manera de entender la música que bebe del rock alternativo, el punk pop y la inmediatez melódica, pero que encuentra su principal razón de ser en la complicidad de sus integrantes. No parece que tengan demasiado interés en adoptar poses solemnes ni en convertirse en algo que no son. Su encanto reside precisamente en esa mezcla de naturalidad, descaro y entusiasmo que les permite hablar de asuntos personales sin perder de vista el componente lúdico de tocar juntas.
Quizá el título del álbum resulte demasiado optimista para los tiempos que corren. Naturalmente que hay cosas que pueden hacernos mal, y unas cuantas además. Pero si la receta para combatirlas incluye amistad, guitarras bien afiladas y canciones capaces de transformar los pequeños desastres cotidianos en una celebración colectiva, habrá que concederles el beneficio de la duda.
Desde este portal nos alegramos especialmente de este nuevo capítulo en la historia de La 126. Las seguimos desde sus comienzos, nos siguen encantando y esperamos continuar disfrutando de su evolución durante mucho tiempo. Porque ver crecer a una banda en la que creíste desde el principio también tiene su pequeña recompensa sentimental.
La 126 siguen haciendo camino, y todo apunta a que todavía les quedan bastantes decibelios por repartir. Que no se les ocurra bajar el volumen.

