Por Lupe Sigüenza Haro
Hay épocas que se resisten a quedarse en el pasado. Los ochenta llevan décadas regresando de una forma u otra, aunque no siempre con la misma fortuna. Estela Gris pertenece a esa nueva generación de grupos que encuentra en aquellos años algo más que una estética que recuperar. En “El Momento”, el dúo murciano formado por Marta García y Sefi Meseguer se reconoce abiertamente en los sintetizadores, los bajos rotundos y las atmósferas de la new wave y el post-punk, pero utiliza ese lenguaje para contar inquietudes mucho más cercanas.
“El Momento” es su primer Ep y también la primera oportunidad de escuchar de una sentada un repertorio que Estela Gris había ido desvelando poco a poco. Son seis canciones, producidas por Alejandro Leiva, en las que el dúo perfila un sonido que juega continuamente con dos fuerzas aparentemente contrarias: la melancolía y el baile. Porque aquí hay oscuridad, pero rara vez inmovilidad. Incluso cuando las letras se meten en terrenos menos luminosos, por debajo siempre aparece un bajo, una caja de ritmos o un sintetizador dispuesto a poner el cuerpo en movimiento.
Esa dualidad se aprecia desde “Chica Seria”. La canción convierte en materia pop esa distancia que a veces se interpone entre lo que somos y lo que los demás esperan que seamos. Tras la imagen de esa chica aparentemente fría y reservada aparecen la vulnerabilidad, la necesidad de protegerse y también cierta ironía frente a las convenciones. Musicalmente ya están muchas de las claves que luego se repetirán en el Ep: sencillez, melodías directas, electrónica sin excesos y un gusto evidente por unas sonoridades que podrían haber salido de una habitación iluminada por un neón hace cuarenta años.
“Rómpeme” lleva ese imaginario hacia un terreno más visceral. El propio título contiene algo de entrega y de amenaza, y la música responde con una mayor tensión. Estela Gris sabe que el pop oscuro funciona especialmente bien cuando no pierde de vista la melodía, y aquí vuelve a encontrar ese equilibrio. No necesitan saturar las canciones de elementos. Prefieren dejar espacio al bajo y a los sintetizadores, permitir que la base rítmica avance con insistencia y que las voces se muevan por encima sin recurrir a grandes aspavientos.
Pero si existe una canción en la que las reminiscencias ochenteras se muestran sin demasiados disimulos, esa es “La Cura”. El bajo ocupa el primer plano y resulta inevitable pensar en el universo de The Cure, no tanto por una imitación concreta como por la manera de utilizarlo: profundo, melódico y capaz de sostener por sí mismo buena parte del estado de ánimo de la canción. A su alrededor, los sintetizadores terminan de construir una atmósfera fría y melancólica. El título, además, contiene su propia ironía. Frente a estos tiempos empeñados en encontrar una solución inmediata para cualquier tristeza, “La Cura” parece aceptar que no todo malestar necesita desaparecer al instante. A veces también hay que aprender a convivir con él.
“N.M.D.A.” continúa el viaje por ese territorio de luces bajas y electrónica contenida. A estas alturas del Ep resulta evidente que Estela Gris se siente cómoda trabajando con pocos elementos y haciendo que cada uno tenga un peso específico. No hay una búsqueda de grandilocuencia, sino una cierta austeridad que encaja bien con las canciones. Los bajos vuelven a adquirir importancia, los sintetizadores dibujan el fondo y la percusión mantiene una pulsación seca que conecta directamente con la tradición post-punk y new wave.
Cuando llega “El Momento”, la canción que da título al trabajo, el nombre adquiere también un sentido más amplio. Porque este Ep habla, de alguna manera, del momento en el que se encuentra el propio grupo. Después de varios singles publicados desde su aparición, Estela Gris reúne por primera vez esas piezas bajo una misma cubierta y deja ver que detrás de ellas existe una idea bastante definida de hacia dónde quiere caminar. “El Momento” no suena a culminación, sino a fotografía de un grupo que todavía está construyéndose. Y quizá por eso el título le siente especialmente bien.
Por otra parte, “París” completa el recorrido recuperando uno de los singles que Estela Gris publicó en 2025. No se trata, por tanto, de una canción inédita creada para cerrar el Ep, sino de una pieza anterior que encuentra aquí su lugar dentro del conjunto. Y encaja. Hay algo en el imaginario del dúo que parece necesitar ciudades nocturnas, distancia y lugares que pueden ser tan reales como soñados. “París” funciona en ese sentido casi como una idea antes que como un punto en el mapa, mientras la canción vuelve a reunir esa mezcla de nostalgia y movimiento que atraviesa buena parte del disco.
Las referencias son fáciles de rastrear. Sería absurdo hablar de “El Momento” intentando esquivarlas. Hay ecos del synthpop, del post-punk y de la new wave de los ochenta, y en determinados pasajes la sombra de grupos como The Cure e incluso New Order resulta particularmente visible. Pero una influencia evidente no tiene por qué convertirse necesariamente en una carga. La cuestión está en qué se hace con ella.
Estela Gris empieza a encontrar su respuesta en estas seis canciones. En lugar de reconstruir los ochenta como una pieza de museo, recoge algunas de sus herramientas (los sintetizadores fríos, los bajos melódicos, las baterías secas, el romanticismo sombrío) y las coloca al servicio de canciones que quieren ser inmediatas. Ahí aparece probablemente lo más atractivo del dúo: esa capacidad para envolver cierta fragilidad emocional en música que, paradójicamente, invita a moverse.
También está ahí el desafío que queda por delante. “El Momento” muestra una identidad reconocible, aunque todavía permite ver con bastante claridad las costuras de sus influencias. El siguiente paso será comprobar hasta dónde pueden deformarlas, mezclarlas y hacerlas completamente suyas. Este primer Ep, por su brevedad, deja precisamente ganas de averiguarlo.
Mientras tanto, Estela Gris ha encontrado un lugar interesante desde el que empezar. Un espacio situado en algún punto entre la pista de baile y la habitación a oscuras, entre el sintetizador y la guitarra, entre la nostalgia de una década que no vivieron musicalmente como adultas y unas emociones que pertenecen plenamente al presente. “El Momento” mira hacia atrás, sí, pero no parece querer quedarse allí.

