Por Vicente Ribas
Mucho antes de conquistar las radios, encadenar éxitos internacionales y convertirse en uno de los nombres imprescindibles del pop-rock de los ochenta, The Bangles fueron simplemente tres jóvenes con canciones, guitarras, bastante determinación y un nombre diferente. Corría 1981, todavía se hacían llamar The Bangs y decidieron publicar por su cuenta un sencillo titulado “Getting Out Of Hand”. Aquel modesto vinilo terminaría siendo el auténtico punto de partida de su historia.
La formación de entonces estaba integrada por Susanna Hoffs, a la guitarra y la voz, y las hermanas Vicki Peterson, también a la guitarra y voz, y Debbi Peterson, encargada de batería, bajo y voces. Michael Steele todavía no formaba parte del grupo. La bajista se incorporaría más adelante, después de haber formado parte en sus primeros tiempos de The Runaways, la histórica banda femenina de rock por la que también pasaron Joan Jett, Lita Ford, Cherie Currie, Jackie Fox o Sandy West. Un pedigrí nada desdeñable que acabaría sumándose posteriormente a la historia de Bangles.
Por aquel entonces, sin embargo, Hoffs y las hermanas Peterson se encontraban muy lejos de disponer de los medios que llegarían después. Para poder financiar aquella primera grabación recurrieron a dinero prestado por sus propias familias. Puro espíritu “hazlo tú misma” antes de que hubiera grandes presupuestos de por medio.
Las sesiones tuvieron lugar en Radio Tokyo Studios, en Venice, California, y el resultado acabó materializándose en un sencillo con “Getting Out Of Hand” en la cara A y “Call On Me” en la cara B. En lugar de esperar a que una compañía llamara a su puerta, decidieron ponerlo en circulación mediante Down Kiddie Records, su propio sello independiente.
La primera edición fue casi microscópica: apenas 400 copias. Una cantidad diminuta vista desde la perspectiva actual, especialmente teniendo en cuenta todo lo que sucedería después con la banda. Precisamente esa escasez ha provocado que las copias originales supervivientes se hayan convertido con el paso de los años en objetos especialmente buscados por los coleccionistas de las Bangles y del pop-rock estadounidense de los primeros ochenta. Uno de esos discos que nacieron sin demasiada fanfarria y acabaron adquiriendo aura de pequeña reliquia.
Y la historia del sencillo todavía tendría algún capítulo adicional. Hubo una segunda tirada en 1982 y otra en 1983. Esta última resulta particularmente curiosa porque, aunque mantenía las mismas canciones, ya mostraba en la portada el nombre Bangles. Entre medias había ocurrido algo que obligó al grupo a despedirse de su denominación original.
El problema era bastante terrenal: The Bangs ya tenía dueño. Una banda de Nueva Jersey utilizaba previamente ese nombre y amenazó con emprender acciones legales. Para evitar una batalla que poco podía aportarles cuando apenas estaban comenzando, Susanna Hoffs y las hermanas Peterson optaron por rebautizar el proyecto. The Bangs dejaron paso al nombre con el que acabarían siendo conocidas universalmente: Bangles primero, y The Bangles posteriormente. De ahí que aquella edición posterior del sencillo sirva también como curioso documento de una banda atrapada justo en mitad de su cambio de identidad.
Pero lo realmente interesante de “Getting Out Of Hand” aparece cuando la aguja cae sobre el disco. Quien llegue buscando el acabado lustroso y eminentemente radiofónico asociado a algunos de los grandes éxitos posteriores de Bangles se encontrará con unas coordenadas bastante distintas.
Aquellas primeras The Bangs se movían entre el garage rock, el jangle pop y la psicodelia de los sesenta, pero lo hacían atravesadas por la electricidad del punk y la urgencia de la new wave. Las guitarras tenían más aspereza, la producción era mucho menos pulida y las canciones desprendían esa encantadora sensación de estar ocurriendo casi en tiempo real. No había todavía intención de borrar las aristas.
“Getting Out Of Hand”, escrita por Vicki Peterson y cantada por una jovencísima Susanna Hoffs, captura especialmente bien ese momento. Escucharla hoy permite asomarse a una banda que todavía estaba averiguando hasta dónde podía llegar, pero que ya mostraba algunas de las cualidades que posteriormente definirían su personalidad: gusto por las melodías, guitarras cristalinas, armonías vocales y una evidente fascinación por el pop de los años sesenta.
Hay en ella algo parecido a un fuego primigenio, esa energía difícil de fabricar que suelen conservar las primeras grabaciones, cuando todavía no existen demasiadas expectativas alrededor de un grupo. Antes de los grandes estudios, de la exposición internacional y de las producciones mucho más sofisticadas, estaban estas canciones rápidas, nerviosas y confeccionadas con los recursos disponibles.
En el reverso del sencillo esperaba “Call On Me”, una composición compartida por Susanna Hoffs, Vicki Peterson y David Roback que mostraba el lado más febril de aquellas primerísimas The Bangs. El bajo avanza con un contagioso traqueteo mientras Debbi Peterson dispara la batería a toda velocidad, llevando la canción hacia un garage pop de hechuras new wave, vivaz, revoltoso y sin apenas tiempo para recuperar el aliento.
Escuchadas juntas, las dos canciones funcionan como una fotografía tomada antes de que comenzara el gran viaje. Aquí todavía no existen las Bangles convertidas en fenómeno mundial; están The Bangs, tres músicas buscando su sitio en la efervescente escena californiana y publicando unos pocos cientos de discos con sus propios medios.
Quizá por eso “Getting Out Of Hand” conserva hoy un encanto especial. Su importancia no reside únicamente en su rareza como objeto de coleccionismo ni en poder presumir de ser el primer sencillo de la banda. Lo verdaderamente fascinante es escuchar en esos surcos el instante en el que todo estaba todavía por suceder.
Antes de los focos, los videoclips, las listas de éxitos y las canciones que acabarían dando la vuelta al mundo hubo 400 pequeños vinilos firmados por The Bangs. Y dentro de ellos ya empezaba a latir, todavía algo asilvestrada, la banda que poco después conoceríamos como Bangles.

