Por Vicente Ribas
Las Go-Go’s nacieron en Los Ángeles, California, en 1978, en plena efervescencia de la escena punk angelina, cuando los clubes pequeños, las guitarras afiladas y el espíritu de hazlo-tú-mismo formaban parte del paisaje nocturno de la ciudad. Sus primeros pasos estuvieron bastante alejados del pop lustroso con el que acabarían conquistando las listas: aquello tenía más pinta de tugurio, sudor y amplificador cascado. Y justamente de ese caldo de cultivo salió una banda que pronto empezó a descubrir que se podía conservar el nervio punk y, al mismo tiempo, fabricar melodías capaces de agarrarse al oído como una lapa.
Antes de convertirse en una de las bandas esenciales del pop americano de comienzos de los ochenta, las Go-Go’s todavía tenían barro en las zapatillas, guitarras con mugre y unas cuantas esquinas por limar. Este primer 7”, con “We Got The Beat” y “How Much More” publicado en 1980 por la británica Stiff Records, es una estupenda fotografía de aquel momento: dos canciones veloces, descaradas y pegadizas, pero todavía sin el lustre que llegaría poco después. Aquí las Go-Go’s suenan más a garito que a radiofórmula, y precisamente ahí reside buena parte del encanto.
Por entonces el artefacto lo manejaban Belinda Carlisle a la voz, Jane Wiedlin a la guitarra y coros, Charlotte Caffey a la guitarra y teclados, Margot Olavarria al bajo y Gina Schock aporreando la batería con una energía que parece empeñada en empujar las canciones escaleras abajo. Era una cuadrilla que venía del hervidero punk de Los Ángeles, pero que empezaba a descubrir que una buena melodía podía ser tan punzante como tres acordes tocados a todo trapo. Poco después Olavarria dejaría su puesto a Kathy Valentine, completándose así la formación que grabaría “Beauty And The Beat”.
“We Got The Beat”, escrita por Charlotte Caffey, ya lleva dentro todo lo que posteriormente haría irresistibles a las Go-Go’s. Ritmo saltarín, melodía de chicle, coros contagiosos y una guitarra que entra y sale dando pequeños mordiscos. Pero esta primera grabación tiene algo más montaraz que la posterior: corre como si alguien hubiera dejado abierta la puerta del local de ensayo y las cinco hubieran salido disparadas detrás de la canción. Nada de maquillaje excesivo ni florituras de escaparate. Va al grano, con una urgencia casi de maqueta vitaminada.
Y vaya estribillo. De esos que se instalan en el cogote en un primer momento. Hay punk, claro, aunque ya empieza a asomar ese instinto pop que las Go-Go’s manejaban con una naturalidad pasmosa. No necesitaban ponerse estupendas ni levantar una muralla de distorsión: con un ritmo machacón, cuatro buenos ganchos y suficiente desparpajo podían montar una pequeña algarabía. El single incluso empezó a hacerse notar en clubes estadounidenses mientras circulaba como importación, una pequeña avanzadilla de lo que estaba por venir.
En la otra cara espera “How Much More”, compuesta por Caffey junto a Jane Wiedlin. Y de relleno, ni hablar. Tiene un aire más sentimental, pero tampoco se pone melindrosa. Las guitarras conservan ese traqueteo garajero, mientras la melodía enseña ya la habilidad del grupo para mezclar corazones magullados con canciones que invitan a mover los pies. Una combinación bastante puñetera: pena amorosa por dentro y fiesta por fuera.
Quizá sea precisamente “How Much More” la que mejor deja entrever hacia dónde iban a dirigirse. Bajo su apariencia sencilla hay melodías muy bien cosidas, cambios certeros y unas voces que suavizan los bordes sin quitarles mordiente. No pretende apabullar; entra de costado, con cierto aire pizpireto, y cuando uno quiere darse cuenta ya está tarareándola.
Las dos canciones volverían al taller en 1981 para “Beauty And The Beat”, el primer álbum de las Go-Go’s para I.R.S. Records. Allí fueron regrabadas con Richard Gottehrer y Rob Freeman en la producción, adquiriendo un sonido más definido, espacioso y reluciente. “How Much More” quedó situada como segunda canción del Lp y “We Got The Beat” como sexta. Las versiones del álbum tienen mayor empaque y una producción bastante más pulcra, pero estas tomas primitivas de Stiff Records conservan una electricidad particular.
Especialmente “We Got The Beat”. Comparada con su encarnación posterior, esta primera versión parece llevar el motor pasado de revoluciones. Es más áspera, más atropellada y menos preocupada por colocar cada pelo en su sitio. La regrabación de 1981 convirtió la canción en una máquina pop mucho más rotunda; la de 1980, en cambio, tiene ese delicioso aroma a sótano, amplificador caliente y cerveza derramada junto al escenario.
Y en el centro del pequeño vendaval estaba la voz de Belinda Carlisle, que años después tendría una segunda vida musical de enorme repercusión. Tras la primera separación de las Go-Go’s en 1985 emprendió carrera en solitario y terminó intercambiando buena parte de la roña punk por un pop de grandes dimensiones. En 1987 llegó el bombazo de “Heaven Is A Place On Earth”, que alcanzó el número uno tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, seguido por éxitos como “Circle In The Sand” o “Leave A Light On”. Cuesta no sonreír pensando que aquella cantante que en este sencillo de Stiff Records parecía desenvolverse entre cables, sudor y guitarras zumbonas acabaría pocos años después convertida en una estrella internacional del pop. Vueltas que da el tocadiscos.
Eso es lo bonito de este sencillo: aquí todavía no están las Go-Go’s plenamente domesticadas por el estudio. Se escucha a una banda en plena metamorfosis, dejando atrás parte de su pellejo punk angelino pero sin haberlo tirado todavía al cubo de la basura. Caffey y Wiedlin ya enseñaban un colmillo considerable para fabricar melodías; Schock daba músculo y propulsión desde la batería; Olavarria sujetaba el tinglado desde el bajo y Carlisle remataba el asunto al micrófono. Cinco piezas todavía algo destartaladas que, juntas, armaban un cacharro estupendamente ruidoso.
Poco después, con Kathy Valentine ocupando el bajo, llegaría “Beauty And The Beat” y aquellas muchachas californianas entrarían por la puerta grande. Pero este pequeño artilugio sonoro de 1980 conserva algo que ningún éxito posterior podía reproducir exactamente: el ruido del instante anterior al petardazo, cuando las Go-Go’s aún tenían un pie en el tugurio punk y el otro empezaba a pisar, casi sin querer, la alfombra del gran pop.
Un single vivaracho, algo mugriento, deliciosamente acelerado y con más gancho que una caja de anzuelos. ¡Beat, guitarras y a correr!

