Nosoträsh -“Nadie Hablará De… Nosoträsh” (RCA, 1998) 

Por Francine Arroyo 

En 1998, cuando el indie español todavía se cocinaba a fuego lento entre salas pequeñas, maquetas circulando en mano y una escena que empezaba a reconocerse con cierta sorna generacional, Nosoträsh publicaron “Nadie Hablará De… Nosoträsh” en el sello RCA. El grupo por entonces (Beatriz Concepción, Covadonga De Silva, Eugenia Durán, Montse Álvarez, Eugenia Gancedo y Natalia Quintanal) se consolidó como una de las piezas más singulares del llamado Xixón Sound, aquel foco asturiano de los años noventa que redefinió el pop estatal desde lo doméstico, lo frágil y lo emocionalmente incómodo. 

El disco abría con “Mis Muñecas”, una canción que, bajo su aparente delicadeza infantil, trataba el abuso a menores con una contención casi quirúrgica, sin subrayados dramáticos, como si el horror se filtrase entre juguetes rotos y voz baja. A continuación, “Pálida” y “Sintasol” reforzaban esa estética tan suya: convertir lo cotidiano en una especie de cartografía emocional torcida, donde los suelos de casa y los estados de ánimo compartían textura. 

“Pereza” avanzaba entre el tedio y la apatía afectiva con una naturalidad casi irónica, mientras “Botiquín” proponía una especie de farmacología sentimental de andar por casa, con heridas pequeñas tratadas con soluciones mínimas pero honestas. “Punk Rock City” funcionaba como una postal generacional: provincias, amistad y deseo de huida en tres acordes emocionales. 

“En Ningún Lugar” profundizaba en esa sensación de desubicación permanente, como si la identidad estuviera siempre en tránsito. Y entonces aparecía “Voy A Aterrizar”, el gran hit del grupo. Publicada originalmente en 1997 como Cd single por Astro Discos, la canción se convirtió con el tiempo en su pieza más emblemática: un vértigo luminoso entre la caída libre y la esperanza, entre el miedo y la euforia adolescente. 

“El Hombre De Goma” jugaba con identidades elásticas y afectos maleables, mientras “Barras y Estrellas” miraba el imaginario estadounidense desde una distancia emocional casi periférica, con ironía suave y fascinación contenida. “Amor Hortera” abrazaba sin complejos la cursilería afectiva, reivindicando lo excesivo como forma legítima de expresión sentimental. 

Uno de los momentos más particulares del álbum llegaba con “Poupée De Cire, Poupée De Son”, canción escrita por Serge Gainsbourg para France Gall, quien la interpretó y con la que ganó el Festival de Eurovisión de 1965. Nosoträsh la reinterpretaron desde su universo propio: menos brillo televisivo y más melancolía de dormitorio, como un eco yeyé filtrado por la humedad emocional del norte. 

El cierre con “Nenyures” dejaba una sensación casi espectral, como si el disco se deshiciera lentamente entre interferencias, destellos y una tristeza luminosa difícil de nombrar. Esta canción, es la versión en asturiano de “En Ningún Lugar”, y además contó con la colaboración de Nacho Vegas

Del álbum se extrajeron varios sencillos que, con el paso del tiempo, contribuyeron a cimentar su estatus dentro del indie estatal. Aquella recepción progresiva acabó convirtiendo “Nadie Hablará De… Nosoträsh” en una obra fundamental de su época, una referencia que creció con los años hasta adquirir peso de culto. 

En el contexto del Xixón Sound, el disco ocupó un lugar central: no por grandilocuencia, sino por su apuesta por lo íntimo, lo vulnerable y lo cotidiano como materia estética. Frente a discursos más épicos de la época, Nosoträsh eligieron lo pequeño, lo raro y lo emocionalmente desviado. 

Con el tiempo, “Nadie Hablará De… Nosoträsh” terminó consolidándose como uno de los discos clave del pop independiente de finales de los noventa en España. Un trabajo de apariencia frágil pero resonancia duradera, que convirtió la fragilidad en lenguaje propio y lo doméstico en territorio artístico. Un artefacto pop extraño, brillante y profundamente humano, nacido de un momento en que la escena aún se estaba inventando a sí misma.