Caamaño & Ameixeiras reinventan la rebeldía de Jeanette con una versión cargada de emoción 

Hay canciones que parecen tener un pacto secreto con el tiempo. Melodías que se resisten a envejecer, que sobreviven a las modas y que, décadas después de su aparición, continúan encontrando nuevas maneras de conmovernos. Una de esas pequeñas joyas imperecederas es “Soy Rebelde”, el clásico que Jeanette convirtió en todo un emblema de la música popular de los años setenta y que ahora regresa a nuestros oídos de la mano de Caamaño & Ameixeiras. El dúo gallego se atreve con esta composición de Manuel Alejandro y le insufla una sensibilidad renovada, íntima y delicada, demostrando que ciertas canciones todavía tienen muchas historias que contar. 

A estas alturas, Caamaño & Ameixeiras no son precisamente unas desconocidas por estos lares. Ya nos hemos detenido anteriormente en sus andanzas musicales, pero nunca está de más refrescar la memoria y volver a presentar a dos artistas que han hecho de la tradición un territorio fértil para la imaginación y la experimentación sonora. 

Detrás de este proyecto, que comenzó a tomar forma en 2018, encontramos a Sabela Caamaño, encargada del acordeón cromático, y Antía Ameixeiras, responsable del violín y la voz. Dos músicas gallegas que comparten una particular manera de entender el folclore: no como una reliquia que deba permanecer encerrada bajo siete llaves, sino como una materia viva, maleable y abierta a nuevas aventuras. 

Su propuesta artística bebe de las fuentes de la música y el baile de raíz, aunque evita quedarse anclada en el pasado. A partir de ese legado popular, ambas construyen un universo sonoro de personalidad inconfundible, donde los arreglos imaginativos, las composiciones propias y las pinceladas contemporáneas conviven con absoluta naturalidad. Todo ello sin perder de vista un ingrediente fundamental: la capacidad de emocionar. 

Desde sus primeros pasos, el dúo ha ido tejiendo una trayectoria de considerable recorrido, llevando su música tanto por escenarios nacionales como internacionales. Una singladura que confirma que las expresiones tradicionales, cuando se abordan con curiosidad, talento y una saludable dosis de audacia, pueden derribar fronteras sin necesidad de renunciar a sus señas de identidad. 

Y precisamente de audacia, aunque de una clase bastante más introspectiva de lo habitual, trata su nueva incursión discográfica. 

Caamaño & Ameixeiras han decidido apropiarse artísticamente de “Soy Rebelde”, aquella composición firmada por Manuel Alejandro que alcanzó una enorme popularidad gracias a la interpretación de Jeanette en los años setenta. Un tema instalado desde hace décadas en el imaginario colectivo, cuya melodía y letra han acompañado a distintas generaciones. 

Pero que nadie espere una reproducción mimética del original ni un ejercicio de nostalgia de manual. La intención de las gallegas discurre por otros derroteros: acercarse a una canción sobradamente conocida desde una perspectiva personal, despojarla de artificios y explorar esa fragilidad emocional que late bajo su aparente sencillez. 

El resultado nace de una conexión que, según explican las propias protagonistas, llevaba tiempo gestándose casi sin que ellas mismas fueran plenamente conscientes. Porque existen canciones que uno no recuerda haber descubierto por primera vez. Simplemente forman parte de nuestra vida, como si hubieran estado siempre revoloteando por algún rincón de la memoria. 

En ese proceso de reencuentro musical adquiere especial protagonismo el órgano de la Iglesia de la Universidad de Santiago de Compostela, un instrumento y un espacio que las artistas encontraron especialmente apropiados para ofrecer una nueva lectura de la composición. Un marco singular desde el que abordar una pieza tan reconocible, buscando una sonoridad desnuda y una expresividad alejada de cualquier grandilocuencia innecesaria. 

Para Caamaño & Ameixeiras, la rebeldía de esta canción no tiene demasiado que ver con levantar barricadas, enarbolar banderas o proclamar grandes revoluciones. Su interpretación se adentra en una insurrección mucho más silenciosa, de esas que suceden puertas adentro y que, precisamente por eso, pueden resultar especialmente intensas. 

Hablan de una “rebeldía íntima”, alimentada por la vulnerabilidad, la soledad y esa necesidad tan humana de encontrar nuestro propio lugar en un mundo que no siempre resulta fácil de descifrar. Una manera de rebelarse que no necesita alzar la voz para hacerse escuchar y que encuentra su fuerza en la exposición sincera de los sentimientos. 

Esa mirada emocional constituye el verdadero corazón de la propuesta. Las artistas descubrieron que la canción podía adquirir una dimensión diferente al interpretarla desde la desnudez y la delicadeza, hasta el punto de resultar, en sus propias palabras, frágil y enorme al mismo tiempo. Una paradoja preciosa que resume bastante bien el espíritu de esta reinterpretación. 

Y como una novedad musical siempre resulta más apetecible cuando viene acompañada de imágenes, el lanzamiento cuenta también con su correspondiente videoclip, rodado en Canmore, en la provincia canadiense de Alberta, durante la gira que el dúo realizó en 2026. Un escenario situado a miles de kilómetros de su Galicia natal que añade otro capítulo viajero a la historia de esta particular aventura artística. 

De Santiago De Compostela a las tierras canadienses, pasando por una melodía que lleva más de medio siglo instalada en la memoria sentimental de varias generaciones. No deja de tener su encanto este curioso itinerario que conecta la tradición gallega, la canción melódica de los setenta y la sensibilidad de dos intérpretes contemporáneas. 

Por lo tanto, “Soy Rebelde”, Caamaño & Ameixeiras vuelven a poner de manifiesto su inquietud creativa y su disposición a transitar caminos que no siempre son los más previsibles. Porque reinterpretar una canción tan arraigada en el recuerdo colectivo supone enfrentarse a un pequeño desafío: respetar aquello que la hizo especial y, al mismo tiempo, encontrar una razón artística para volver a cantarla. 

Ellas han optado por hacerlo desde la espontaneidad, la libertad y la emoción, dejando que la canción respire y encuentre su propio espacio. 

Al fin y al cabo, no todas las revoluciones necesitan estruendo. Algunas se fraguan en silencio, entre notas musicales y sentimientos a flor de piel. Y esta vez, la rebeldía llega con acento gallego, vocación viajera y una delicadeza que no está reñida con la valentía. 

Porque también hay que tener un puntito de inconformismo para tomar un clásico que todo el mundo cree conocer y atreverse a contarlo de otra manera.