L’arannà sacude las raíces sonoras de las Pitiusas con las catorce joyas de “Turmarí” 

La tradición también sabe ponerse electrónica, coquetear con los sintetizadores y aventurarse por territorios musicales poco transitados. Buena prueba de ello es L’arannà, el dúo ibicenco-catalán que acaba de poner en circulación “Turmarí”, su segundo álbum de estudio. Un trabajo que, como ya habíamos adelantado, llega dispuesto a tender puentes entre la herencia musical de Ibiza y Formentera y las posibilidades expresivas de los sonidos contemporáneos. Una travesía de lo más sugerente en la que el pasado no se contempla como una reliquia intocable, sino como una fuente de inspiración con mucho recorrido por delante. 

Con el Mediterráneo como telón de fondo y las raíces pitiusas latiendo en cada composición, la formación despliega un particular universo sonoro donde lo ancestral y lo vanguardista se dan la mano sin demasiados remilgos. El resultado es un repertorio de catorce canciones, producidas íntegramente por Anna Sala y Lara Magrinyà, que reivindica la riqueza de un patrimonio musical singular mientras lo conduce hacia horizontes estéticos inesperados. 

Uno de los grandes protagonistas de esta aventura es el cant redoblat, una modalidad vocal autóctona de las Pitiusas cuya principal seña de identidad reside en los característicos trinos que ornamentan el final de las frases cantadas. Lejos de limitarse a reproducir esta técnica tradicional, L’arannà la incorpora a un entramado de texturas electrónicas, manipulaciones vocales y arreglos contemporáneos, propiciando un encuentro tan insólito como estimulante entre dos maneras de entender la creación musical. 

Pero el particular laboratorio de “Turmarí” no se detiene ahí. Por sus canciones también desfilan los ucs, esos gritos tradicionales tan vinculados al imaginario popular isleño, junto con castañuelas, flautas, tambores y espasins, instrumentos metálicos de percusión que aportan su peculiar personalidad tímbrica. Todo este arsenal acústico convive con teclados, sintetizadores y filtros de voz, configurando un mosaico de contrastes en el que las melodías heredadas de generaciones anteriores encuentran nuevas formas de respirar. 

La propuesta, más que un simple ejercicio de mestizaje musical, plantea una reinterpretación de la memoria colectiva de las islas, demostrando que el folclore puede abandonar sus coordenadas habituales sin perder por el camino su identidad. Aquí, los sonidos de antaño se revisten de nuevas hechuras y se integran en una arquitectura musical que mira al futuro sin dar la espalda a sus orígenes. 

Grabado en Medusa Studio y publicado bajo el sello Bankrobber, “Turmarí” supone un nuevo capítulo en la trayectoria de L’arannà y una declaración de afecto hacia el legado cultural de Ibiza y Formentera. Un disco que desempolva la tradición, la lleva de excursión por los dominios de la electrónica y recuerda que las raíces, cuando se cultivan con imaginación, también pueden florecer en terrenos verdaderamente insospechados.