Por Violet Femme
Las Baby Jane no han venido a ponerle banda sonora al verano, han venido a mandarlo de cabeza al infierno. En “Surfing To Hell”, la banda barcelonesa condensa en cuatro canciones y menos de nueve minutos una mezcla de garage punk, humor negro, mala leche anticapitalista y ganas de playa aunque no haya un duro. Es un Ep breve, ruidoso y sinvergüenza, pero que eso no os engañe, porque Baby Jane dicen mucho más de lo que puede parecer.
El tema que abre el disco, “Vacances A Txernòbil”, ya nos avisa de lo que nos espera con una postal turística radioactiva donde el romance muta en comedia nuclear. El novio tiene tres brazos, brilla en la oscuridad y, aun así, sigue siendo el protagonista de una canción de amor. El resultado es una canción de amor mutante, radiante, grotesca y de esas que te dan ganas de cantar y bailar.
En “Kakakola”, el Ep empieza a mostrar más su mala leche. La canción dispara contra esa rebeldía con etiqueta, marca y precio, desde leer Das Kapital en un McDonald’s del Raval hasta comprar teoría revolucionaria en la Fnac, vestir una camiseta de “Anarchy In The UK” fabricada en Bangladesh y discutir en internet mientras cada mensaje engorda al millonario de turno. El estribillo “jo vull ser lliure / però la llibertat és marca registrada” resume muy bien el chiste, porque el capitalismo no solo te vende productos, también te convence de que mola odiarlo.
“Verano En Bancarrota” cambia un poco de tercio y tira hacia una fantasía de playa, huida y bajo presupuesto. Tras el encierro, la voz quiere salir de casa, ir a la playa, gastar dinero en chorradas, surfear, bailar rock’n’roll, broncearse y jugarse una mano al póker. Todo suena muy bonito, casi ingenuo, pero el título corta el rollo. Este no es un verano de postal, sino una escapada low-cost, con ganas de pasarlo bien y el bolsillo medio vacío. Entre el humor y la pose gamberra, asoma la idea de que la rutina deje de sentirse como un castigo y vuelva a tener algo de ilusión.
El cierre y tema que da nombre al Ep, “Surfing To Hell”, junta todo lo anterior y lo lleva directo a una Barceloneta infernal con ratas en el agua, jeringuillas, arena que quema, crema en el cogote, Frigopies e incluso Satanás como compañero de surf. La playa no aparece como un idílico paraíso limpio, sino como un lugar sucio, absurdo y aun así irresistible, donde apetece ligar, bañarse y mandarlo todo a la mierda. Si el verano en Barcelona ya parece el infierno, Baby Jane se proponen surfearlo.
Musicalmente, “Surfing To Hell” destaca porque va directo al grano. Las canciones son cortas y directas, con guitarras garajeras y espíritu DIY, ritmo bailongo y estribillos que no podrás sacarte de la cabeza. La voz tiene ese punto descarado que hace que todo suene más cercano y divertido. El Ep demuestra que, muchas veces, menos es más, y que su fuerza está en la inmediatez, en las letras y ritmos pegadizos y en un poquito de descontrol.
Lo mejor de Baby Jane es que no separan diversión y crítica. Bajo el tono burlón asoman la precariedad, el consumismo, la rutina, la turistificación, la ansiedad y la necesidad de escapar. “Surfing To Hell” convierte el verano en una caricatura punk y lo hace con la frescura de alguien a quien le importa un pimiento estar en la playlist de moda. No hay nada mejor este verano que darle caña a este disco y darse un buen chapuzón en tu playa urbana favorita, subida a la tabla de surf más punki de tu vida.

