LADY GRAPE / SEÑORITA UVA 

Génesis en la capital y alquimia de Cuerdas 

El almanaque marcaba las hojas de 2010 cuando, en el corazón neurálgico de Madrid, emergió una propuesta sonora dispuesta a dinamitar los moldes del underground: Lady Grape, una criatura artística también conocida bajo el sugerente alias de Señorita Uva. Desde sus primeros acordes, la banda se sumergió con desparpajo en el difuso, oscuro y magnético espectro del rock de herencia anglosajona. 

El motor de este artefacto musical estaba propulsado por cuatro intrépidas mujeres que ya dinamizaban la escena nocturna de la Villa y Corte: la magnética Ágata V. comandando el micrófono con su voz, la destreza de Sara V. en las seis cuerdas y los coros, el pulso rítmico e implacable de Sandra V. tras los parches de la batería, y la solidez estructural de Ana V. al bajo. No obstante, el devenir de la banda conoció los vaivenes propios de las grandes formaciones; la alineación original contemplaba a una bajista previa llamada Vanesa, cuya vacante fue cubierta con maestría por la mencionada Ana V. para consolidar ese sonido identitario impregnado de lodo grunge, aristas post-punk y melancólicos tintes sombríos en sus guitarras. 

Primeras embestidas y un conjuro transatlántico 

La puesta de largo sobre las tablas no se hizo esperar. Tras rodar su directo en citas de alto voltaje (como el recordado bautismo de fuego en octubre de 2010 en la mítica sala Joey de Madrid compartiendo tablas con Lamprologus, o su incursión en noviembre en el Rock And Roll Radio Club escoltadas por Los Aullidos), la banda decidió inmortalizar su pegada. 

En el gélido diciembre de aquel mismo año, lanzaron su primer envite discográfico en formato digital, bautizado de forma rimbombante como “La Maldición Mexicana”. Esta maqueta seminal albergaba cinco descargas de rock con mayúsculas: el torbellino sónico de “Bye Bye Jack”, la crudeza de “Leave Me”, el sudor rítmico de “Dirty”, la irreverencia de “Satisfaction” y el pulso indómito de “Wild”. Bajo la rúbrica de Lady Grape, esta declaración de intenciones fue presentada en sociedad en los bastiones de La Leyenda Rock Bar, dejando claro que el proyecto no venía a pedir permiso, sino a reclamar su espacio. 

Gamberrismo ilustrado, contracultura y el éxodo estival 

El año 2011 floreció como un torbellino de kilómetros y amplificadores al rojo vivo. La banda protagonizó veladas memorables y cargadas de simbolismo, destacando su directo del 8 de marzo en la Facultad de Psicología de la UAM, conmemorando con distorsión el Día Internacional de la Mujer. El circuito madrileño se convirtió en su patio de recreo particular, dejándose la piel en los escenarios subterráneos de El Perro De La Parte De Atrás Del Coche junto a Wounded Knees. Sin embargo, uno de los hitos más descarados del grupo tuvo lugar en la sala La Boite dentro del certamen Ellas Destruyen, una refreshing propuesta organizada en mayo de 2011 como respuesta ruidosa, irónica y desprovista de solemnidad institucional frente al festival oficial Ellas Crean. Allí compartieron amplificadores con sus conciudadanas de Madame Club. La marea de conciertos continuó expandiéndose hacia la periferia madrileña, recalando ese mismo mes en el templo sónico La Nota Rock Bar de San Sebastián de los Reyes

El solsticio de verano no aplacó sus ansias de asfalto. Junio las vio regresar triunfantes a La Leyenda Rock Bar y repetir feligresía en el Rock And Roll Radio Club, custodiadas por The Journal Job. Julio trajo consigo hitos de enjundia como su debut en el legendario templo estatal, el Gruta 77, además de una lúdica tregua estival en tierras alicantinas. En un formato íntimo y desvestido de electricidad, ofrecieron un exclusivo set acústico en El Raconet, ubicado en la hermosa localidad costera de Altea

Con las pilas recargadas, septiembre trajo el regreso al calor analógico de La Nota Rock Bar, y en octubre cruzaron miradas y distorsiones en la sala Silikona con las transandinas Lilits, llegadas desde Chile. La consagración definitiva del año llegó en noviembre, cuando se adueñaron del histórico escenario de la sala El Sol de Madrid, arropando a las formaciones internacionales Aluminum Babe de Nueva York y No Aloha. El broche de oro al año lo pusieron en la intimidad compartida de los locales de ensayo Hangar 19

Mutaciones antropófagas, ondas hertzianas y altruismo 

El año nuevo brotó con la misma inercia eléctrica con la que se despidió el anterior. Enero de 2012 arrancó hermanándose nuevamente con No Aloha en la sala Circus de Leganés, seguido de un vanguardista escarceo digital en formato acústico para la plataforma Noise Off Unplugged en la capital. 

No obstante, el verdadero punto de inflexión aconteció en febrero de 2012. Con una osada pirueta de branding, el cuarteto decidió rebautizarse oficialmente bajo el nombre de Señorita Uva y dar a luz su segundo artefacto sonoro: un Ep digital compuesto por otras cinco piezas de orfebrería post-punk bajo el profético título de “Caníbal”. En este viaje habitaban la cerebral “Asimov”, la misteriosa “Murmur”, la indómita “Anything Goes”, la magnética “The Routine And The Bodies” y el bucle emocional de “Love-Hate-Repeat-Again”

La repercusión de este nuevo rumbo fue inmediata. La perspicaz revista musical Treintayunacanciones seleccionó su hipnótica pista “The Routine Of The Bodies” para formar parte de un Cd recopilatorio exclusivo. Dicho trabajo discográfico se distribuyó como un codiciado tesoro en los conciertos de presentación de la revista, celebrados en la sala Fun Club de Sevilla y en la Zahora Magestic de Ciudad Real. La puesta de largo de este álbum de tintes antropófagos se escenificó en marzo en la sala Taboo de Madrid, en el marco de una gala benéfica para la ONG University For All (U4all), compartiendo cartel con Hermanos Almax, Ivi Sween y The Rebels, respaldado por una jugosa entrevista y acústico en las ondas libres de Radio Utopía

El idilio hertziano no quedó ahí: las composiciones de Señorita Uva asaltaron las frecuencias estatales de Radio 3, colonizando programas prescriptores como Capitán Demo y 180 Grados. El mes se cerró por todo lo alto desplegando sus texturas rítmicas en El Intruso junto a Los Tikinautas, y regresando al Gruta 77 escoltadas por Los Alegres Niños Psicópatas

Estaciones finales y el eslabón de la despedida 

Con la primavera avanzada, el calendario de conciertos no daba tregua. En abril asaltaron el Barracudas Rock Bar junto a la banda Tired Horses. Mayo se vistió de cercanía y poesía de barrio con un acústico íntimo en la Librería La Esquina Del Zorro en el carismático vecindario de Vallecas, integrándose en las jornadas reivindicativas Mujeres En El Rock. Sin solución de continuidad, las integrantes de Señorita Uva metieron sus bártulos en la furgoneta rumbo a Guadalajara para reventar los potenciómetros de la sala Óxido, hermanadas con las valencianas Las Rodilleras en la salvaje velada Girls Only Party. Para culminar el mes, se subieron al mítico subsuelo de la sala Siroco junto a Ciudadano Kane

Paradójicamente, en el cenit de su agitación creativa, junio trajo consigo el inesperado anuncio de que la banda abandonaba los escenarios por tiempo indefinido. Fieles a su espíritu indomable, decidieron no marcharse a la francesa, sino regalar una última terna de aquelarres eléctricos. La primera parada de la despedida tuvo lugar en junio en la sala Wurlitzer Ballroom de Madrid junto a Gatomidi; la segunda se materializó en agosto en la sala Siroco, integrando el cartel del combativo festival contracultural LadyFest Madrid; y la traca final, el adiós definitivo a una trayectoria fulgurante, aconteció en su santuario fetiche, el Gruta 77, el 25 de agosto de 2012. 

La diáspora creativa y un legado en perpetua mutación 

Aunque el proyecto de la “uva eléctrica” cesó sus funciones, el torrente artístico de sus componentes era demasiado indómito para ser sepultado por el polvo del olvido. Los caminos se bifurcaron en una enriquecedora diáspora musical que reverbera hasta nuestros días. La guitarrista Sara V. (Sara Villoria) unió fuerzas e inquietudes creativas con Javi Puértolas para engendrar el aplaudido y árido dúo estepario Árida

Por su parte, la carismática vocalista Ágata V. (Ágata Ahora) prestó su impronta lírica e identidad al grupo Agnes. La sección rítmica también encontró nuevas trincheras: la baterista Sandra V. (Sandra Bueno) volvió a cruzar sus baquetas con los acordes de su vieja compañera de batallas, Sara, dando vida al minimalista y contundente dúo Pelícana. Como broche de oro a esta constante reinvención, la incombustible Sara Villoria (también conocida artísticamente bajo el alias de Sara LaVil) continúa golpeando los escenarios en la actualidad como pieza fundamental de la descarga sonora de Veracrvz. Un epílogo perfecto para unas músicas que demostraron que el rock no era una moda pasajera, sino una mutación constante. 

Fuente: Chicas En Banda