Vivoras – “Spanish Fly” (Animal Records, 1992) 

Por Vicente Ribas 

Hay discos a los que el paso del tiempo les sienta como una mano de barniz: adquieren lustre, respetabilidad y hasta cierto aire de pieza de museo. Y luego están los que, por fortuna, continúan teniendo las zapatillas sucias, el amplificador echando humo y alguna que otra mancha sospechosa en la camiseta. “Spanish Fly”, publicado por Vivoras en 1992, es de estos últimos. 

Más de tres décadas después, el primer álbum de la banda madrileña continúa sonando pendenciero, deslenguado y deliciosamente poco preocupado por guardar las formas. Aquí hay garage, punk y rock & roll revolcándose juntos por el suelo, dieciséis canciones en poco más de cuarenta minutos y una saludable propensión a meter ruido sin convertirlo en un ejercicio de musculatura gratuita. 

En “Spanish Fly”, Vivoras eran en aquel momento Norah Findlay a la voz y guitarra, Gemma Peña a la guitarra, Pilar Román al bajo y Valle Núñez a la batería, una formación íntegramente femenina abriéndose paso en un territorio guitarrero que a comienzos de los noventa seguía estando abrumadoramente poblado por tipos. La propia recuperación del disco realizada años después por Play Loud! Productions recuerda ese carácter combativo del grupo y sus conciertos junto a bandas como Mano Negra, Los Enemigos o The Pleasure Fuckers. 

Pero dejemos la arqueología para otro rato. Aquí hemos venido a poner el disco. Y “Spanish Fly” no pierde demasiado tiempo en presentaciones. 

“Principe” abre el garito y rápidamente deja las normas de urbanidad junto al felpudo. Guitarras afiladas, una base rítmica que empuja desde atrás y esa sensación de que todo podría descarrilar en cualquier momento, aunque nunca termine de hacerlo. Es una magnífica puerta de entrada a un disco al que le gusta más la refriega que la contemplación. 

Después llega “Venganza I”, primera parte de un ajuste de cuentas que tendrá continuación casi al final del álbum. Vivoras empiezan a enseñar los colmillos y queda claro que la cosa no va de adornar canciones con perifollos. Hay nervio, melodía y mala leche, tres ingredientes que en “Spanish Fly” se entienden de maravilla sin necesidad de terapia de pareja. 

“You Know What I Like” saca a pasear el lado más descaradamente rock & roll del grupo antes de que aparezca “Sigue”, una versión de The Pagans pasada por la trituradora particular de las madrileñas. Apenas alcanza los dos minutos, pero tampoco los necesita. Vivoras la agarran, la zarandean y la acomodan en su propio tugurio sonoro sin preocuparse demasiado por quitarle las manchas antes de servirla. 

Y entonces llega “Fuck You Ricardo”. Con semejante título, cualquier intento de explicación sesuda corre el peligro de resultar bastante más largo que el propio mensaje. Aquí el destinatario ya sabría por qué. Nosotros podemos limitarnos a disfrutar de la mala uva, la chulería y ese punto de humor cafre que atraviesa buena parte del álbum. 

Porque “Spanish Fly” puede enseñar los dientes, pero tampoco se toma a sí mismo con una solemnidad insoportable. 

Tras el rifirrafe con Ricardo aparece “Wipe It Out”, manteniendo las guitarras en temperatura de ebullición y preparando el terreno para una de las pequeñas joyas gamberras del disco: “Wish You Were A Beer”. El título ya es una maravilla. Hay quien desea que estés aquí; Vivoras, puestos a escoger, parecen preferir que seas una cerveza. Romanticismo de barra pegajosa. 

“Wish You Were A Beer” y “Fuck You Ricardo”, por cierto, terminaron además compartiendo single, una pareja difícil de mejorar si había que encapsular en dos canciones el carácter más insolente de la banda. 

La juerga continúa con “Sex Insane”, otro fogonazo rápido, cochambroso y sin demasiada querencia por los preliminares. Menos de dos minutos y carretera. Una de las virtudes de “Spanish Fly” es precisamente esa: muchas canciones saben marcharse antes de empezar a estorbar. Nada de repetir un estribillo siete veces por si alguien se encontraba en el baño. 

“1,2,3,4” tampoco necesita grandes tratados filosóficos. En el rock & roll hay ocasiones en las que saber contar hasta cuatro resulta más útil que haber leído a Schopenhauer. Se cuenta, se enchufa y se tira para delante. 

A continuación, “Caesars” deja asomar otra de las filiaciones garageras de Vivoras. Se trata de una versión de Thee Mighty Caesars, la banda capitaneada por Billy Childish, y su presencia aquí parece cualquier cosa menos accidental. Si “Spanish Fly” tuviera que enseñar el contenido de sus bolsillos, entre pelusas, púas y alguna moneda aparecerían seguramente unos cuantos discos de garage y punk de esta calaña. 

Pero Vivoras no se limitan a enseñar sus influencias como quien luce parches en una cazadora. Las mastican y siguen a lo suyo. 

Así llegamos a “Rock ‘n’ Roll Girls”, posiblemente uno de los títulos que mejor resume el espíritu de todo el tinglado. Cuatro mujeres, instrumentos enchufados y rock & roll. Parece sencillo escrito así, aunque en 1992 todavía hubiera quien considerase necesario añadir explicaciones a la ecuación. Vivoras no parecen especialmente interesadas en proporcionarlas: mejor subir el volumen y ahorrarse el sermón. 

Con “Phantom Lord” el disco se permite respirar de otra manera. Es una de las piezas más largas del álbum y demuestra que el grupo tampoco necesita vivir permanentemente instalado en canciones de minuto y medio. La suciedad continúa ahí, naturalmente; nadie ha llamado al servicio de limpieza. 

Después aparece “Lagarto’s Song”, otro mordisco de rock & roll que encaja sin chirriar en este pequeño ecosistema de guitarras, personajes y nocturnidad. “Spanish Fly” avanza a estas alturas como esas noches que comenzaron con la intención de tomar una sola cerveza y de pronto han adquirido vida propia. 

“La Hoguera”, por otra parte, vuelve a comprimir la fórmula. Corta, rápida y al pescuezo. Si quedan muebles en pie, tampoco parece preocupar demasiado. 

La penúltima parada recupera el asunto pendiente del comienzo con “Venganza II”. Donde hubo una primera parte tenía que aparecer la réplica, cerrando así uno de los pequeños círculos internos del álbum. Y después de tanto “navajeo” eléctrico, Vivoras reservan para el final “Niño En El Tiempo”, la canción más larga del disco, encargada de bajar la persiana después de dieciséis cortes que la reedición digital ordena desde “Principe” hasta este último tema. 

Cuarenta y pocos minutos después, queda la impresión de haber salido de un antro con los oídos zumbando. Y eso es un cumplido. 

“Spanish Fly” fue publicado originalmente en 1992 por Animal Records y producido por Mike Mariconda, un nombre perfectamente aclimatado al subsuelo garagero y rockero. 

En “Spanish Fly” hay algo de ese Madrid que todavía olía a local de ensayo, sala pequeña, cuero, humo y amplificador castigado. Pero reducir el álbum a su contexto sería hacerle una faena. Lo verdaderamente divertido es comprobar que, despojado de nostalgias y batallitas generacionales, el disco todavía funciona. 

No necesita que nadie diga aquello de “para su época”. Ni falta que le hace. 

Hay riffs sencillos y eficaces, melodías que aparecen entre el estrépito, coros, acelerones, versiones escogidas con buen olfato, humor macarra y canciones que parecen disfrutar dando codazos. Y, por encima de todo, está esa sensación tan difícil de manufacturar de que las cuatro están tocando porque esto les divierte una barbaridad.