“O Meu Amor” es una reflexión profunda sobre la ausencia, la memoria y la manera en que el tiempo transforma el dolor sin llegar a borrarlo. La canción se adentra en ese espacio que queda cuando alguien se marcha, en las huellas que permanecen y en los sentimientos que continúan acompañándonos mucho después de la despedida. Lejos de hablar únicamente de la pérdida, la pieza también pone el foco en la capacidad humana para seguir caminando, aceptando que el amor y el recuerdo pueden convivir con el paso de los días.
Interpretada por Caamaño & Ameixeiras junto a Tarta Relena, la obra construye un paisaje sonoro de gran sensibilidad, donde la emoción se expresa desde la contención y la belleza. La presencia del órgano de la Iglesia de la Universidad de Santiago de Compostela, interpretado por Sabela Caamaño, aporta una profundidad especial a la composición. Su sonido envolvente sostiene una atmósfera de recogimiento que invita a detenerse y escuchar, convirtiendo la experiencia del duelo en un lugar de encuentro con la memoria.
Sobre esa base instrumental, la voz de Antía Ameixeiras se funde con las voces de Tarta Relena en un tejido polifónico que amplifica el significado de la canción. Las distintas voces dialogan entre sí como si compartieran una misma historia, abrazando la fragilidad de la ausencia y transformándola en un recuerdo vivo, capaz de seguir acompañando a quienes permanecen.
La canción parte de una melodía tradicional de Açores, incorporada al imaginario de la música gallega gracias al trabajo de Leilía. Desde esa raíz, “O Meu Amor” recupera una sabiduría antigua y universal: la de reconocer el dolor que provoca una pérdida sin dejar que este impida continuar. La tristeza, el amor y la memoria conviven aquí como partes inseparables de una misma experiencia.
Con una mirada serena y profundamente humana, la pieza recuerda que honrar a quienes ya no están también significa mantener vivo su recuerdo en nuestros gestos, nuestras palabras y nuestra forma de habitar el mundo. Porque, incluso después de las despedidas más difíciles, la vida encuentra la manera de abrirse paso, y en ese avance pausado surge la posibilidad de volver a vivir, de seguir amando y de encontrar belleza en todo aquello que permanece.


