El despertar de un quinteto eléctrico
En el ya lejano amanecer de 2011, la localidad de Galdakao (Galdácano), enclavada en la provincia de Vizcaya, se convirtió en el epicentro de un terremoto sonoro de tintes muy singulares. De la conjunción de cinco talentos alineados bajo un mismo propósito artístico nació Free The Wheel, una agrupación que irrumpió en la escena con una propuesta de rock directo, desprovisto de artificios y con un pulso rítmico verdaderamente arrollador.
Lejos de conformarse con las fórmulas contemporáneas más predecibles, la banda exhibía un sonido con un fuerte arraigo en el misticismo y la pesadez de las grandes leyendas de la década de los setenta, evocando la majestuosidad eléctrica de Led Zeppelin o la densa y monolítica oscuridad de Black Sabbath. Sin embargo, este cóctel distorsionado no se quedaba ahí: el quinteto estiraba sus costuras creativas atrayendo a su terreno la melancolía del blues, la densidad desértica del stoner rock e, incluso, audaces aproximaciones rítmicas hacia el rock latino más cálido y sincopado.

Un crisol de mentes singulares
La verdadera magia y el carácter camaleónico del grupo residían en la fascinante amalgama humana que le daba vida. Sobre el escenario, la complicidad era absoluta entre Itziar a la voz principal, Izaskun Simón al bajo, Zuriñe Aguirre y Laura “Arty” Gómez tejiendo texturas e imponentes riffs desde las guitarras, y Nerea Quincoces custodiando los parches desde la batería.
Lo verdaderamente inusitado de Free The Wheel no radicaba únicamente en su audaz propuesta musical, sino en la disparidad intelectual y académica de sus integrantes. El grupo albergaba una rica diversidad cognitiva: desde estudios musicales de corte académico y profesional enfocados en la percusión y el saxofón, hasta profundas incursiones universitarias en el mundo de la filosofía, la ingeniería y las ciencias exactas de las matemáticas. Esta heterogeneidad de perfiles, lejos de resultar caótica, funcionó como un catalizador contracorriente. La precisión métrica de las ciencias exactas y la abstracción lírica de la filosofía confluyeron en una arquitectura sonora única, traduciéndose en una propuesta tan sugerente como innovadora. El público se encontró de golpe con una intrincada mezcla de compases y dinámicas a las que el oído común no estaba habituado, pero que, de manera casi milagrosa, se digerían y disfrutaban con una fluidez pasmosa y orgánica.

Primeros pasos sobre las tablas vascas
El bautismo de fuego de la banda no se hizo esperar y su calendario de directos comenzó a llenarse con presteza. El verano de su año fundacional fue testigo de sus primeras andanzas; destaca entre ellas el memorable concierto que ofrecieron en el histórico y bohemio barrio bilbaíno de Deusto en agosto de 2011. Aquel directo fue la mecha que encendió un otoño frenético.
Al mes siguiente, en septiembre de 2011, la formación desembarcó en las fiestas del populoso barrio de Zorroza, en Bilbao, donde compartieron una velada de hermandad y decibelios junto a la banda Lur Jota. Sin tiempo para el descanso, ese mismo mes se sumaron a la vibrante propuesta del espacio Jet Lag Bio Flashak, también en la capital vizcaína, compartiendo las tablas con Asher bajo la imponente cúpula de la popular sala Bilborock.
La apisonadora sónica de Free The Wheel continuó su expansión en octubre de ese mismo año, trasladándose a la vecina localidad de Baracaldo, donde asaltaron el escenario de la emblemática sala Edaska arropados por The Raveling y Noiah. Para cerrar un año de ensueño y consolidar su estatus de jóvenes promesas del directo, en el gélido diciembre de 2011 viajaron hasta Vitoria para caldear el ambiente del acogedor Café Bar Cooper, haciendo además una provechosa parada en la costera y guipuzcoana localidad de Mutriku.

Consolidación en las ondas y conciertos singulares
Tras este torbellino inicial, el nombre de la banda comenzó a resonar con fuerza en los mentideros especializados del norte. Su presencia se hizo notar en diversas ondas radiofónicas y sus integrantes concedieron agudas entrevistas a diferentes cabeceras y portales digitales de la prensa musical.
Tras un breve periodo de aparente introspección creativa, las noticias de la banda volvieron a copar la agenda a mediados del año 2012. En julio de aquel año, el quinteto protagonizó una actuación memorable en el marco de las fiestas del barrio bilbaíno de Santutxu. El evento tuvo lugar junto a la formación El Villano Oriental en un enclave de nombre tan sugerente como pintoresco: la Carpa Del Muerto (ubicada en Ibarrekolanda).
La guinda de aquel año de consolidación la pusieron en el mes de noviembre de 2012, cuando descargaron todo su arsenal de distorsión en la Sala Blue (integrada en el conocido complejo de ocio Santana 27) de Bilbao, una cita enmarcada dentro del prestigioso circuito de bandas jóvenes Barrutirock, dejando claro que su propuesta seguía rodando libre y con paso firme.

El retorno a las tablas y un escenario compartido
Tras un período de relativo silencio que mantuvo en vilo a sus seguidores, no es hasta agosto de 2013 cuando el engranaje de la banda vuelve a ponerse en marcha de cara al público. Aquel estío no trajo consigo un regreso tímido, sino una agenda cargada de citas de lo más sugestivo. La primera parada tuvo lugar en la vibrante noche bilbaína, concretamente en la icónica sala Kremlin de Bilbao, donde unieron fuerzas y decibelios con la banda Countach.
Sin dar tregua al calendario, la actividad continuó en septiembre de ese mismo año. El quinteto viajó primero a tierras alavesas para descargar su directo en la histórica villa de Artziniega. No obstante, el plato fuerte de la temporada estaba reservado para su propio hogar. A finales de ese mismo mes, Free The Wheel se subió al escenario del Parque Ardanza de Galdakao, en plenas Fiestas Patronales de la localidad. En aquella velada tan especial, tuvieron el preclaro honor de actuar como teloneras de la consagrada banda murciana M-Clan, demostrando ante sus vecinos que su propuesta no tenía nada que envidiar a los grandes nombres de la escena estatal.

Un impasse creativo y la última danza de una era
Tras el subidón de las fiestas patronales se produjo un nuevo y prolongado hiato informativo que se extendió durante varios meses, sumiendo al grupo en una suerte de letargo nefelibata. El silencio se rompió por fin en mayo de 2014 con una ruidosa cita en el pub Xurrut de Gorliz, un templo de la escena underground donde compartieron escenario con la banda gallega Guerrera.
La maquinaria ya no iba a detenerse. En junio de ese mismo año, el grupo sumó su nombre al heterogéneo y siempre estimulante cartel del No Fest!. El evento, celebrado en el emblemático espacio autogestionado Izarbeltz Ateneoa de Bilbao, se convirtió en una auténtica maratón de rock alternativo donde compartieron tablas con agrupaciones de la talla de Yaw, Hurricäde o Kulaludd, entre muchos otros.

Un relevo trascendental en el micrófono
El otoño de 2014 trajo consigo un punto de inflexión crucial en el devenir de la banda. En el mes de octubre se hizo pública una noticia agridulce: Itziar, la carismática vocalista original, decidía poner punto final a su andadura en el grupo. Sin embargo, lejos de amilanarse ante la adversidad, las chicas reaccionaron con presteza y anunciaron la incorporación de Amaia Arrieta como nueva voz principal. La llegada de Amaia no solo insufló energías renovadas al proyecto, sino que inauguró una etapa marcadamente fructífera y prolífica para la formación.
El esperado debut de esta nueva alineación tuvo lugar en el Gazte Lokala del bilbaíno barrio de Deusto, en un concierto muy especial junto a Sharkriders que servía para conmemorar el aniversario de este combativo espacio juvenil. Con las sensaciones a flor de piel, despidieron el año en diciembre con una actuación en la prestigiosa sala Fever de Bilbao, compartiendo el escenario con Franco, quienes aprovechaban la cita para presentar su nuevo trabajo discográfico.

Entre el estudio de grabación y la distancia oceánica
Con el viento de cara, el año 2015 comenzó con las revoluciones al máximo. En el mes de febrero, las integrantes de Free The Wheel se encerraron entre las acústicas paredes del Koba Studio del productor Xanpe en Bilbao con un objetivo claro: registrar las canciones que darían forma a su ansiado primer trabajo de estudio.
Sin embargo, el destino, siempre voluble, les tenía deparado un pequeño contratiempo logístico poco después de salir del estudio. Zuriñe Aguirre tuvo que emprender un viaje temporal que la mantendría alejada de los escenarios durante unos meses en la lejana Australia. Lejos de suspender su agenda, la banda demostró una resiliencia inquebrantable y decidió afrontar los compromisos venideros reconvertida temporalmente en un enérgico cuarteto.
La final de Basauri y el circuito de festivales
Bajo este formato de cuatro piezas, la banda se presentó en abril al prestigioso concurso Rockein de Basauri, certamen dirigido a impulsar el talento de las nuevas bandas de la provincia. Su frescura y solidez instrumental cautivaron al jurado, logrando clasificarse para la gran final. Así, en el mes de mayo, ofrecieron un electrizante concierto en el Social Antzokia de Basauri junto al resto de formaciones finalistas; y aunque la fortuna del primer premio les fue esquiva esa noche, la experiencia consolidó su reputación en directo.
Aquel mayo de 2015 fue un no parar: tras el concurso, llevaron su música a las fiestas del barrio de Zurbaranbarri en Bilbao. En junio, ya de vuelta al formato de quinteto con el regreso de Zuriñe, se sumergieron en la densa atmósfera de la sala Sonora de Erandio (junto a Bilbao) para participar en el Atacama Stoner Fest 2015, una cita ineludible para los amantes de los sonidos pesados donde compartieron cartel con bandas del circuito como Chivo, JaunDone, Melmak y Le Temps Du Loup.

Un otoño de intensidad eléctrica
El verano trajo consigo el momento álgido de las fiestas vascas. En agosto de 2015, Free The Wheel se subió al escenario de la Aste Nagusia (la Semana Grande de Bilbao), ofreciendo un concierto sudoroso y enérgico en la mítica txosna de Uribarri Kompartsa. Al mes siguiente, en septiembre, buscaron la cercanía y la bohemia del formato club actuando en el acogedor Café Teatro La Nube, en el corazón del barrio de Santutxu.
El último trimestre del año fue una auténtica demostración de músculo festivalero. En octubre de 2015, se unieron al potente cartel del Inkestas Rock Festibal, celebrado en la costera localidad de Sopela (Vizcaya), una jornada memorable donde compartieron volumen y hermandad con agrupaciones como Cäctus, Despeñaperros, Dingos & Flamingos, JaunDone, Bragasonics, Ian Mason e Ilbelt. Sin apenas tiempo para asimilar la descarga, ese mismo mes viajaron a Vitoria para participar en el festival PRF 2015, donde coincidieron de nuevo con sus viejos conocidos Countach, además de Radiofobia, Viva Bazooka, Afire y Adam Island.
Para cerrar este año tan hiperactivo de la mejor manera posible, en diciembre de 2015 regresaron triunfantes a su localidad natal de Galdakao. Allí, en la Casa de Cultura Torrezabal, ofrecieron un concierto muy especial acompañadas por Grand Matter y Aneika Ara, rubricando doce meses de crecimiento musical absoluto ante sus seguidores más fieles.
Retorno a la Carretera y Activismo sobre el Asfalto
Tras un par de meses de necesario asueto para recargar la energía creativa, el quinteto regresó a los escenarios en marzo de 2016 con una agenda que destilaba dinamismo. Su primera parada las llevó de vuelta a la conocida sala Blue de Bilbao, donde compartieron una velada de guitarras afiladas junto a la banda gallega Agoraphobia. Ese mismo mes, demostrando su inquebrantable compromiso social, se unieron a la banda Educados para ofrecer un concierto muy especial en su natal Galdakao. El evento, organizado por el colectivo Momoak Talde Feminista, se celebró en plena calle, justo enfrente de la emblemática Zurrut Taberna, transformando el espacio urbano en un altavoz de reivindicación y distorsión.
La primavera no hizo más que multiplicar sus revoluciones. En el mes de abril, Free The Wheel asaltó el escenario del prestigioso Kafe Antzokia de Bilbao con motivo del BTx Fest, una cita de espíritu independiente donde compartieron cartel con propuestas tan sugerentes como las de Eneko Mobydick, Larry Bird y Planetaleta. Sin tiempo para respirar, volvieron a la costa para descargar su directo en el acogedor santuario del Xurrut de Gorliz, esta vez escoltadas por la banda Leun.

Citas de culto y el abrazo del acantilado
El idilio de la banda con los templos de la música vasca continuó en junio de 2016. Las chicas regresaron al Kafe Antzokia de Bilbao, pero esta vez para subirse al íntimo y prestigioso escenario de su piso superior, con motivo del selecto ciclo Kutxa Beltza, compartiendo una noche mágica de folk-rock y blues de nuevo junto a sus aliados de Educados.
Tras un verano de silenciosa preparación, el mes de septiembre se convirtió en un auténtico torbellino de directos. El quinteto desplegó su magnetismo en La Triangu, mítico local de la costera Sopela (Sopelana), para después ofrecer un concierto de gran cercanía vecinal junto al Bar Iluntze en Galdakao. Para coronar el mes, la banda regresó por la puerta grande al Inkestas Rock Festibal en Sopela, un festival que se estaba consolidando como un referente del underground costero y donde compartieron cartel y hermandad con bandas de la talla de Molikote, Sönámbula, Ilbet o The Ribbons.
Un tropiezo inesperado y el concierto de invierno
La trayectoria de una banda en activo siempre es un camino sinuoso y, tras este intenso verano, el grupo experimentó un pequeño bache de salud o logística que las obligó a un parón temporal, teniendo que suspender un par de fechas ya comprometidas en las ciudades de Vitoria y Bilbao. Sin embargo, lejos de dejarse abatir por este contratiempo, Free The Wheel volvió a la carga con una energía renovada en diciembre de 2016. Su regreso triunfal tuvo lugar en la Casa de Cultura Torrezabal de su querida Galdakao, ofreciendo un concierto de reencuentro navideño junto al rock de Txirlora Midnight Road.
Año nuevo, rutas nuevas: De Salamanca a la montaña alavesa
El año 2017 comenzó con una determinación inquebrantable y ganas de devorar kilómetros. En el mes de enero, la banda inició una pequeña expedición que las llevó hasta tierras castellanas para actuar en la sala New Bunker de Salamanca, compartiendo una noche de densos riffs con las madrileñas Suevicha. Ese mismo mes, regresaron a la actividad local actuando en Erandio junto a la banda Raust!.
En febrero, la furgoneta del grupo tomó rumbo a Amurrio (Álava), donde asaltaron el escenario del dinámico Burubio Kultur Elkartea en una noche de puro rock femenino junto a las bilbaínas Moonshakers. La primavera de ese año tuvo su broche de oro en mayo, cuando el quinteto se sumó al cartel del Medialdea Music Festival (MMF), un certamen celebrado al aire libre en la plaza de Maeztu, en plena montaña alavesa. Allí compartieron escenario y ovaciones con nombres tan respetados de la escena psicodélica y rockera como The Soulbreaker Company, Bluenáticos y Cowboy Lovers.

El alumbramiento de un disco sempiterno
Tras la intensidad del festival de la montaña alavesa, la banda se sumió en un prolongado silencio que mantuvo a su público en un estado expectante. No fue hasta febrero de 2018 cuando se desveló el motivo de su misteriosa ausencia: el lanzamiento de su ansiado y largamente gestado álbum de debut.
Bajo el título de “And It Goes On…”, el trabajo se presentó en un cuidado formato físico de Cd autoeditado. El álbum se convirtió en un viaje sónico de nueve paradas, compuesto por las canciones “Harty Party”, “Blue Signals”, “Asher”, “Getaway”, “Jam Sabbath”, “Before The Rain, Before The Sun”, “The Wheel”, “Burning Fuse” y “Stranger Than Me”, una colección de temas que condensaba a la perfección todos los años de carretera, influencias setenteras y evolución estilística del grupo.
La gran gira de presentación
La puesta de largo de “And It Goes On…” requería una gira a la altura de las circunstancias. En marzo de 2018, la banda desembarcó en la sala Urban Rock Concept de Vitoria en una velada compartida con Alison Keable, Doctor Sax y Out Gravity. Ese mismo mes, asaltaron la sala Nave 9 en el museo marítimo de Bilbao junto a los psicodélicos Fogbound, para culminar marzo con un concierto apoteósico en el Kafe Antzokia de la capital vizcaína junto a Moonshakers, en el marco del multitudinario festival Basque Fest Rock City.
La campaña de promoción continuó en abril de 2018 bajo la imponente bóveda de la sala Bilborock de Bilbao, donde se unieron a las bandas Las Odio y Somadamantina en un concierto programado dentro del ciclo universitario y juvenil Unisound Bilbao. Para dar soporte visual a esta gran acogida, la banda lanzó un impecable videoclip de su single “Blue Signals”, un trabajo audiovisual lleno de fuerza que fue dirigido y coordinado con gran acierto por la realizadora Teresa Uriarte.

Un verano de festivales y sororidad musical
El mes de junio de 2018 se reveló como uno de los períodos más fructíferos y de mayor calado social de su carrera. La banda comenzó el mes tocando en el Izarra Gorri Fest, celebrado en el verde entorno del Parque Ostuño de Orduña (Vizcaya), compartiendo cartel con Xuorum, Los Del Humo e Insurrectos. Posteriormente, viajaron a Pamplona para ofrecer un concierto de corte más íntimo en el mítico Bar Garazi.
Uno de los hitos más pintorescos de la temporada veraniega fue su participación en el Music On The Bridge, un festival singular cuyos conciertos tenían lugar bajo la imponente estructura del Puente Colgante en Bilbao, donde compartieron escenario con The Crazy Wheel Band, Priscilla Band, Will Gutiérrez y The Troubadour All Star Band. Además, cerraron el mes actuando en el local Herre 74 de Vitoria, en un evento de gran carga simbólica donde se presentaba el proyecto Aluak, una iniciativa colectiva nacida con el preclaro objetivo de visibilizar y empoderar el papel de las mujeres en la escena musical vasca.
En agosto, volvieron a sentir el calor de las masas en la Aste Nagusia de Bilbao, actuando de nuevo en la sala Bilborock dentro de la prestigiosa Muestra de Metal, Pop-Rock, compartiendo una electrizante jornada junto a Nevadah. Pocos días después, se trasladaron a las fiestas de Vitoria para tocar en la Gazte Karpa junto a Taramusika y Red Iron Squad. Finalmente, en septiembre de 2018, llevaron su repertorio al Contrapunto Rock Bar de Bilbao, poniendo banda sonora a las fiestas del bilbaíno barrio de Uribarri.
Un parón indefinido y la ceremonia de despedida
Cuando la banda parecía encontrarse en su momento de mayor esplendor y visibilidad, el destino, siempre voluble, obligó a las integrantes a tomar una decisión difícil. En octubre de 2018, a través de un sincero comunicado en sus redes sociales, Free The Wheel anunció un parón indefinido en su trayectoria. La imposibilidad de compaginar las exigencias del proyecto con sus respectivas vidas personales y profesionales les impedía dedicarle al grupo el tiempo y la pasión que este merecía.
Para despedirse de su fiel legión de seguidores como mejor sabían hacer, programaron dos últimos conciertos de carácter ceremonial. El primero de ellos tuvo lugar en diciembre de 2018 en el Burubio Kultur Elkartea de Amurrio, compartiendo una noche de alta intensidad emocional con la mítica banda de metal vasco Eraso!.
La última y definitiva página de esta hermosa aventura biográfica se escribió en febrero de 2019. El escenario elegido para el adiós definitivo fue la sala Nave 9 de Bilbao, donde se despidieron rodeadas de distorsión y nostalgia en un concierto conjunto con sus viejas camaradas de ruta, las madrileñas Suevicha. Aquella noche, el motor de Free The Wheel se detuvo, pero el eco de sus riffs y su espíritu indómito quedó grabado de manera sempiterna en la memoria del rock vasco.
Fuente: Chicas En Banda

